Esta reposición de la producción ya conocida y casi nunca muy apreciada de Sher tenía el atractivo de los dos protagonistas. Pero hubo sorpresas, de todo tipo. El montaje es siempre lo que es y no se le puede pedir más, y casi siempre muy oscuro. Pero no molesta, y a estas alturas eso es bastante. La acción se sigue bien y los intérpretes aportan lo suyo, que casi siempre es mucho.
Primera cosa importante, una gran dirección de Viotti, a la altura de sus conciertos y más que su participación en Mascagni y Leoncavallo en Amsterdam. Supo mantener el ritmo sin ser ‘pompier’, respetó a los artistas, tuvo inflexiones inflamadas, líricas y muy refinadas según cada momento de una partitura extraordinaria, le pese a quien le pese, y marcó los grandes momentos ‘verdianos’ como el preludio y la primera escena o el gran concertante del tercer acto.…
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