Alemania

Las ninfas también tienen corazón

Juan Carlos Tellechea

viernes, 20 de marzo de 2020
Krefeld, domingo, 15 de marzo de 2020. Theater Krefeld. Rusalka, ópera en tres actos con música Antonín Dvořák y libreto en checo de Jaroslav Kvapil con subtítulos en alemán, basado en los cuentos de hadas de Karel Jaromír Erben y Božena Němcová, estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901. Régie Ansgar Weigner. Escenografía y vestuario Tatjana Ivschina. Dramaturgia Andreas Wendholz. Intérpretes: Dorothea Herbert, Rusalka. David Esteban, Príncipe. Hayk Dèinyan, Genio de las aguas y Padre. Eva Maria Günschmann, Jezibaba, Princesa extranjera y Madre. Maya Blaustein*, Gabriela Kuhn y Anna Heßling, tres hadas. Kairschan Scholdybajew, Guardabosques. Boshana Milkov*. Coro de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach preparado por Maria Benyumova. Orquesta Niederrheinische Sinfoniker. Director Diego Martín-Etxebarría. Representación sin público debido a la pandemia de COVID-19. *Integrantes del Opernstudio Niederrhein.
Dorothea Herbert como Rusalka © 2020 by Matthias Stutte

El estreno de esta nueva producción de Rusalka se realizó en presencia de ocho críticos de la prensa alemana e internacional, sin público general, acatando disposiciones del gobierno del Estado federado de Renania del Norte-Westfalia para preservar a la población contra la expansión del coronavirus.

Siempre hay una primera vez en la vida y, en su secular historia, a la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach le tocó en esta oportunidad debutar en livestream internacional, estrenando una sobresaliente nueva producción de Rusalka, la ópera más conocida y de mayor éxito de Antonín Dvořák, con régie de Ansgar Weigner y dirección musical de Diego Martín-Etxebarría.

Debido a la prohibición de realizar espectáculos públicos, para contener la pandemia de COVID-19 en Alemania, la Comunidad decidió llevar esta extraordinaria produccion a la mayor cantidad de espectadores posible.

La sala del Teatro de Krefeld estaba casi totalmente vacía, a excepción de ocho críticos de la prensa alemana y extranjera, así como algunos técnicos del propio escenario, pero afuera estaba siguiendo la transmisión una cifra mayor de personas de la que tienen cabida en su platea y galerías.

A través de su canal de youtube la representación fue recibida por más de 800 usuarios, un hecho histórico, sin precedentes, para esta ópera, según la sección de prensa de la Comunidad de Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach.

La mitológica sirena Rusalka (maravillosa la soprano Dorothea Herbert), lisiada y en silla de ruedas, quiere salir del profundo universo de las aguas en el que vive y subir a tierra firme. El padre (sólido el bajo Hayk Dèinyan), ya anciano, le advierte, no sin razón, que el mundo de los seres humanos es cruel.

La madre (fantástica, vocal y dramáticamente, la mezzosoprano Eva Maria Günschmann en sus tres diferentes papeles) también se opone a que la hija se vaya, pero finalmente cede a sus ruegos.

La interpretación en checo de La canción de la luna es de una sensibilidad increíble en la voz extraordinariamente bien timbrada de Dorothea Herbert:

Mĕsíčku na nebi hlubokém,

Svĕtlo tvé daleko vidi,

Po svĕtĕ bloudíš širokém,

Díváš se příbytky lidí,

Mĕsíčku postůj chvíli,

Řekni mi, kde je můj milý ?

Řekni mu, stříbrný mĕsíčku,

Mé že jej objímá rámě,

Aby si alespoň chviličku,

Vzpomenul ve snĕní na mne,

Zasvět’ mu do daleka, zasvět' mu,

Řekni mu, řekni, kdo tu naň čeká,

O mněli duše lidská sní,

At’ se tou vzpomínkou vzbudíl,

Mĕsíčku, nezhasni, nezhasni,

Mĕsíčku, nezhasni, nezhasni,

Luna en el cielo profundo,

Tu luz lejana miro,

Y vagas por la superficie de la Tierra,

Bañando con tu mirada el hogar de los hombres.

Detente un momento,

Dime, ¿dónde está mi amor?

Dile, Luna plateada,

Que es mi brazo quien lo abraza,

Para que se acuerde de mí

Al menos un instante.

Y dile que yo espero,

Iluminalo todo, desde lejos,

Y si aparece en un sueño para el alma humana,

¡Oren para que se despierte con este recuerdo!

¡Luna, no te escondas, no te escondas,

Luna, no te escondas más!

   

 

El principe de sus sueños (todo un acierto el tenor David Esteban) la llevará a conocer la vida terrenal. Se casan, pero todo el mundo rechaza y desprecia a Rusalka. La madre, aparece entonces como princesa extranjera y logra seducir al noble.

Una magia fascinante reina desde el primero hasta el tercero y último acto, en un ambiente muy bien conseguido. La joven ninfa ve en su padre, el genio de las aguas, al único capaz de liberarla de esa sociedad tan hostil. Pero tendrá que escarmentar por su desobediencia. Matará al príncipe y finalmente yacerá sobre su lecho excluida de la familia.

¿Fue todo nada más que un mal sueño? La trama es muy triste y va más allá del simple cuento de hadas de tradición eslava. Su traumática experiencia nos acerca a Sigmund Freud, quien el 4 de noviembre 1899 publicaría en Leipzig y Viena su obra más importante e influyente, La interpretación de los sueños, menos de dos años antes del estreno de Rusalka, el 31 de marzo de 1901 en Praga.

La escenografía y el vestuario de Tatjana Ivschina atizan estas confrontaciones. Lo antiguo, en lugar de lo moderno; lo conocido enfrentado a lo que se está por conocer. La vida subacuática transcurre en penumbra, bajo la bóveda fría, húmeda, de una casa vieja con paredes descascaradas. Los atuendos de Rusalka, sus hadas hermanas y sus progenitores son muy sobrios. En la superficie, en cambio, la arquitectura es moderna, todo es luminoso, deslumbrante, las puertas y ventanas acristaladas muestran bellos ambientes decorados con infinidad de rosas de múltiples tonalidades. Los vestidos de las damas y los trajes de los caballeros son sumamente elegantes.

El éxito de esta ópera fue no solo mérito del libretista Jaroslav Kvapil, inspirado en los cuentos de hadas de Karel Jaromir Erben y Božena Němcová, de ancestral tradición europea, sino de la música de Dvořák que combina con un lenguaje tonal exuberante dos estímulos contradictorios en un todo carismástico de gran intensidad. Esta producción de alta calidad cuenta además con una colosal entrega de todo su reparto. Hay algo de wagneriano en Rusalka, pero ante todo es nacionalista checa -como la fresca cerveza que se sirve en esa bodega- con la más honda y exquisita sensibilidad por el arte popular, incluído el culinario.

Preparado por Maria Benyumova el coro de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach tuvo un destacadísimo desempeño, especialmente en la escena de la boda. Sonaban melodías de inspiración folclórica de una belleza pura y conmovedora.

La Orquesta Sinfónica de Baja Renania (Niederrheinische Sinfoniker), dirigida por Martín-Etxebarría, se oía en todo momento con gran equilibrio, colorido y consagración. La preciosa partitura de Dvořák, quien se valió de numerosos recursos estilísticos de su época, emanaba a tempo giusto del foso, de forma armoniosa, con elegancia y delicadeza. Fue un trabajo impecable.

El director medía escrupulosamente el volumen del colectivo para que los estupendos cantantes se lucieran en toda su plenitud. Las hadas, Maya Blaustein, Gabriela Kuhn y Anna Heßling con sus hermosos trinos; el asertivo guardabosques del tenor Kairschan Scholdybajew; el histriónico pinche de cocina de Boshana Milkov. A pesar de la falta de público, hubo un alud de muy merecidas ovaciones y sonoras expresiones de aprobación de los presentes en la sala.

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