Último concierto sinfónico del invierno para la Staatskapelle y su director titular Christian Thielemann, con una obra que a su vez cierra todo un ciclo histórico: los Gurre-Lieder, de Arnold Schönberg, canto del cisne de la era posromántica y premonición de los cambios dramáticos que pronto iban a producirse. Aunque estrenada en Viena en 1913 y no interpretada en Dresde hasta hace menos de treinta años, la Semperoper era un marco ideal. Recuérdese que la ciudad sajona es una de las grandes metrópolis de la música posromántica. Fue en este maravilloso edificio neorrenacentista donde vieron la luz Salomé, Elektra y El caballero de la rosa, de Strauss. Así que, en cierto modo el concierto parecía un regreso a una época y a un espacio. Pese a haberse vendido casi todas las localidades, había unos pocos claros en el aforo, probablemente por…
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