Artes visuales y exposiciones

Hannah Arendt y el siglo XX, una luchadora hasta el final

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 29 de abril de 2020
Hannah Arendt und das 20. Jahrhundert © 2020 by Piper Verlag Hannah Arendt und das 20. Jahrhundert © 2020 by Piper Verlag
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La politóloga, pensadora y publicista Hannah Arendt merecía desde hace mucho tiempo ya una importante exposición en Alemania y ésta ha sido abierta ahora, por fin, en el Deutsche Historisches Museum (Museo de historia alemana) de Berlín, aunque solo puede ser visitada virtualmente a través de Internet, debido a la pandemia del coronavirus.

Hanna Arendt und das 20. Jahrhundert (Hannah Arendt y el siglo XX) se titula la muestra, cuyo catálogo de casi 300 páginas fue publicado por la editorial Piper-Verlag de Múnich, con la que Arendt mantuvo una exelente relación durante décadas. En Piper publicó en 1959 una de sus obras magnas, Rahel Varnhagen. Lebensgeschichte einer deutscher Jüdin aus der Romantik (Rahel Varnhagen. Vida de una mujer judía), escrita entre 1931 y 1933 en Berlín y cuyos dos últimos capítulos, la teoría sobre los parias y los trepadores sociales, desarrollaría en su exilio en París en 1938, tras huír de la Alemania nazi.

El siglo XX sería absolutamente ininteligible sin la figura de Hanna Arendt, afirmaría el escritor Amos Elon, al subrayar cómo marcó la politóloga y pensadora judía esta centuria con otras dos obras principales suyas: Totale Herrschaft (Los orígenes del totalitarismo), de 1951, que describe y analiza el nazismo y el estalinismo; y Banalität des Bösen (Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal), de 1963, sobre el criminal de guerra Adolf Eichmann, responsable de la deportación y asesinato de millones de judíos en los campos de exterminio del régimen de Adolf Hitler, delitos por los que no mostró ningún arrepentimiento durante el juicio que se le siguió en Israel y en el que fue condenado a muerte en la horca.

La exhibición permite seguir su atenta mirada sobre el pasado siglo y su más que activa vida de lucha por el sionismo, contra el antisemitismo, su defensa de los derechos humanos contra el racismo en Estados Unidos, donde se exilio y adoptó esa nacionalidad, y sus posturas decisivas frente a las protestas estudiantiles y el feminismo, cuyos juicios siguen teniendo hasta hoy gran fuerza explosiva. La presentación, comisariada por la filósofa Monika Boll, apunta a la formación de la capacidad de discernimiento ante el creciente pluralismo de los mundos en los que se desenvuelve nuestra vida, la acelerada transformación de los valores y la errónea búsqueda de soluciones populistas.

Uno puede aprender mucho de Hannah Arendt, afirma el director del Museo de historia alemana, Raphael Gross. Edna Brocke, sobrina nieta de Arendt, conoció a la politóloga, su tía abuela, cuando tenía 12 años de edad. Ambas acudirían juntas seis años más tarde al proceso contra Eichmann en Jerusalen. Brocke donó documentos, fotos y artículos personales de Hannah Arendt al museo, situado en el bulevar Unter den Linden, cerca de la Staatsoper. Partes de esta colección pueden ser admiradas durante la visita online.

Los objetos atestiguan la inestable vida de Hanah Arendt entre su ciudad natal, Hannover, pasando por Königsberg (hoy Kaliningrado), de donde provenían sus antepasados, y Nueva York, donde falleció hace 45 años. Primero fue una refugiada, después una apátrida y finalmente una ciudadana naturalizada estadounidense.

Las piezas de la exhibición, como la pitillera plateada que le perteneciera (era una gran adicta al tabaco) están directamente relacionadas con la personalidad de Arendt como pensadora. Ella misma puso consigo en escena esos objetos cuando vivía, destaca Gross. Entre otros, se expone asimismo una pequeña cámara fotográfica Minox y las instantáneas que tomó Arendt con ella. Esas fotos nos dan la oportunidad de seguir a sus amistades desde su propia perspectiva, señala el director del Museo de historia alemana. Gross está convencido de que las imágenes se refieren a una Arendt diferente a lo previamente conocido de ella. Estaba muy interesada en su persona pública, añade. Durante años la politóloga ocultó muy discretamente su relación amorosa con el filósofo Martin Heidegger, cuando ella tenía 17 años, y él 35 (casado y con hijos), y estudiaba en la Universidad de Marburgo. Después estudiaría con Edmund Husserl en Friburgo y más tarde en Heidelberg con Karl Jaspers, con quien trabaría asimismo una relación de amistad que duraría toda la vida.

Gross pone énfasis en señalar que la exposición no es en absoluto un primer plano biográfico. Nos ocupan aquí las cuestiones que fueron realmente importantes para Arendt en el siglo XX, el colonialismo, el antisemitismo, el totalitarismo y el nacionalismo. También podría aprender de ella el mejor de los filósofos de entonces, lo importante que es pensar y juzgar las situaciones históricas, aún cuando uno esté equivocado, como ocurriera con Heidegger, quien pactó con el nazismo para sobrevivir académicamente. Heidegger jamás mencionaría ni haría referencia en ninguno de sus escritos conocidos a los trabajos de Hannah Arendt; hizo como si no hubiera existido en su vida.

Los ensayos y escritos de Arendt ayudan todavía a interpretar el presente. Su obra sigue publicándose y hay nuevos pensadores que le dedican incluso tratados. Acaba de reeditarse Wir Juden. Schriften 1932 bis 1966 (https://www.piper.de/buecher/wir-juden-isbn-978-3-492-05561-1 ) (Nosotros, los judíos. Escritos 1932 hasta 1966) que hace comprensible, también para los judíos, su desarrollo intelectual. La edición corrió al cuidado de la periodista y escritora Marie Luise Knott y de la socióloga Ursula Ludz.

Para mí, ser judía es una de las realidades incuestionables de mi vida, y nunca quise cambiar algo en esa facticidad, ni siquiera en mi infancia, afirmaría Arendt en una carta dirigida al historiador judío Gershom Scholem. En una entrevista con la televisión alemana en 1964 Arendt subrayaría que en su familia, cuando era niña, nunca había oído utilizar la palabra judío, que escuchó por primera vez a través de comentarios antisemitas en la calle. El hecho no fue conmocionante para ella, porque desde entonces se sentía algo especial, confesaría en aquel encuentro periodístico.

El compromiso de Hannah Arendt con su comunidad judía fue claro y asertivo. Siempre escribiría de forma clara e intransigente sobre la vida judía, entre la asimilación y el antisemitismo. En Nosotros, los judíos, subrayaría cuán central ha sido siempre para ella como pensadora política su preocupación por los judíos.

Los regímenes totalitarios, en el curso de su política de conquista del mundo, aumentaron mucho el número de refugiados y de apátridas y se empeñaron en destruir sus posiciones jurídicas y morales, para disolver a los estados nación desde dentro, señalaría. Quienquiera que los perseguidores expulsasen del país como escoria de la humanidad –judíos, trotskistas, etcétera–, también era recibido como escoria de la humanidad en todas partes, y cuando se le declaraba como indeseado y molesto, se le recibía como extranjero molesto, en cualquier lugar adonde fueran.

Al principio la editora Knott se preguntaba a sí misma por qué editar los textos sobre la cuestión judía por separado. Este era un tipo de particularización que no me gustó espontáneamente al principio, pero cuanto más trabajé en él más me gustaba; debido a que en realidad el tema judío es el tema de fondo, para todos lo demás, eso es lo sorprendente del hecho de que lentamente, lentamente, lentamente uno entiende que las cuestiones se han desarrollado aquí y que continúan después.

El prólogo del libro está precedido por el texto La Ilustración y la cuestión judía, de 1932, en el que Arendt expresa en su oración introductoria: La cuestión judía moderna data de la Ilustración: es decir, la planteó el mundo no judío. Sus formulaciones y sus respuestas determinaron el comportamiento de los judíos y su asimilación.

Le siguen 19 ensayos, resumidos temáticamente bajo tres aspectos, en los que Arendt finalmente anuncia que escribe y comprende la historia desde una perspectiva judía: Por una nueva autoconfianza cultural, reuniendo ensayos sobre Martin Buber, Stefan Zweig y Franz Kafka.

Aquí es donde Arendt desarrolla la idea desde una perspectiva consciente del paria, la perspectiva del rol de un judío marginado social. Este papel, según la politóloga, permite una mejor visión de la sociedad y de la historia debido a su distancia. También aparece aquí el ensayo de Arendt titulado Nosotros, los refugiados, de 1943, en el que aborda la situación de los perseguidos y desplazados por los nazis.

Arendt había huido a Francia en 1933 y trabajaría allí para la organización sionista que ayudaba a jóvenes judíos a huír a Palestina. Cuando los alemanes ocuparon París siete años después, ella misma tendría que huír por segunda vez, en esta oportunidad a Estados Unidos.

Durante siete años desempeñamos el ridículo papel de las personas que intentaban ser francesas, o al menos futuros ciudadanos; pero cuando estalló la guerra fuimos internados como 'boches', evocaba. Después de la invasión alemana, el gobierno francés solo tuvo que cambiar el nombre de la empresa: primero nos encerraron porque éramos alemanes, ahora no fuimos liberados, porque éramos judíos.

El postulado de Arendt, pese a la persecución, buscar siempre la verdad e independizarse como judíos de las atribuciones no judías. Su conclusión en Nosotros, los refugiados: los pocos refugiados que insisten en caso de duda en decir la verdad hasta la 'indecencia' obtienen por su impopularidad una ventaja invalorable a cambio: la historia ya no es para ellos un libro sellado y la política ya no es un privilegio de los gentiles. Los refugiados desplazados de un país a otro representan hoy la vanguardia de sus pueblos, siempre que mantengan su identidad.

La experiencia está en el fondo del pensamiento de Hannah Arendt, aunque uno se pregunta por qué al final de la República de Weimar no avanzó más con sus teorías. Sin embargo, quizás sea esta la actitud que hace de Arendt una personalidad que despierta tanto interés y tanta atención hoy en día. Ella no parte de épocas y teorías en las que se piensa esto o aquello, sino que escribe de tal forma que uno puede enteder lo que ella u otros han experimentado; y esto es lo que la hace más vívida aún.

Relatando sus vivencias como cronista del juicio a Eichmann en Jerusalén, diría Arendt: fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.

Bajo el título de Por una nueva autoconfianza política, el volumen reúne seis ensayos en una segunda sección, que se ocupan principalmente del establecimiento de un estado judío en Palestina. En el punto central de esta parte, Sionismo desde la perspectiva de hoy, Arendt escribiría para el American Menorah Journal en 1945: siento miedo pánico por Palestina, como le expresara también a Gershom Scholem. Esta preocupación no le impediría formular una dura crítica: En lugar de convertirse en la vanguardia política de todo el pueblo judío, los judíos palestinos desarrollaron un espíritu de egocentrismo, aún cuando su preocupación exclusiva por sus propios asuntos estaba velada por la disposición a aceptar refugiados que deberían ayudarlos a convertirse en un factor de poder en Palestina.

Finalmente, en la tercera parte del libro hay textos que ya anticipan algo así como una investigación del Holocausto, como escriben las editoras de la obra en el epílogo: reseñas de libros, consideraciones sobre 'métodos de las ciencias sociales e investigación en los campos de concentración', un informe publicado en 1966 sobre el proceso judicial de Auschwitz.

Para los lectores de nuestros días es siempre sorprendente ver cómo encajan con el momento actual las consideraciones de Arendt, verbigracia, en su texto Semilla de la Internacional Fascista, de 1945. Según Arendt, el antisemitismo moderno nunca fue solo una cuestión del nacionalismo extremo, sino que se llevó a cabo internacionalmente, y advierte de sus peligros. No hay dudas: el fascismo fue derrotado esta vez, pero de ninguna manera hemos eliminado el mal de nuestro tiempo (…) porque sus raíces son fuertes y se llaman antisemitismo, racismo, imperialismo.

Eso suena mucho a la actualidad de nuestro presente político. Pero la editora Marie Luise Knott advierte que no deben proyectarse los pensamientos de Arendt al presente. No se pueden extrapolar los textos, porque si uno mira cómo reaccionó Arendt frente a Israel y a la cuestión de Palestina y lo que dijo al respecto, no siempre fue acertado. Y todo el que cita una oración ya ha cometido un error, porque son textos que tienen diferentes pensamientos en diferentes momentos, porque hay diferentes cuestiones en el centro, y porque cada juicio es siempre solo un juicio intermedio.

En diversas ocasiones se manifestó de forma crítica con la era del canciller federal alemán Konrad Adenauer. Después de que, en un comienzo, los criminales nazis apenas fueran castigados, y de que tras el proceso a Eichmann, se fuera juzgando poco a poco a los peores, Arendt expresaría en una carta a Karl Jaspers en 1962: Una mala señal son las condenas increíblemente leves que emiten los tribunales. Creo que por 6500 judíos asesinados con gas se consiguen 3 años y 6 meses, o algo así [...] Esta llamada república es realmente 'como antes' ('wie gehabt'). Y tampoco el desarrollo económico ayudará a largo plazo a superar esta situación política.

Sin embargo, lo relevante hoy es el método de Arendt para repensar la historia, dice Knott:. Utilizo el término descolonización. Esto es, afirmo que Hannah Arendt recorrió un camino, y cuando uno junta los textos se ve realmente cómo consiguieron los judíos no comprenderse a sí mismos como apéndices de otras historias.

En Nosotros, los judíos, Arendt alienta a las mujeres y hombres judíos a aprender de su propia historia, independientemente del discurso de la mayoría y a mostrar, por lo tanto, nuevas perspectivas. Para los lectores de hoy esto no solo es estimulante, sino también muy actual en un mundo cada vez más complejo.

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