La premisa: una gala del MET con 40 cantantes participando desde casa. Una gala del MET sin el MET. Casi más extraño todavía, una gala del MET sin Plácido Domingo ni James Levine.
Yo habría comenzado la retransmisión con un homenaje al pasado. En blanco y negro, la cámara empieza en la plaza desierta del Lincoln Center, pasa la fuente y atraviesa los arcos. Vemos por vez primera el gran hall y entramos en la sala. El auditorio, visto desde abajo, es una monstruosidad brutalista gigante bañada en oro. La cámara se centra en el patio de butacas vacío y luego enfoca el techo, las lámparas vienesas inspiradas por el Sputnik, resplandecientes a media luz, y se acerca al escenario donde se intuye una presencia. No hay duda. Allí está Levine, el Rey Emérito, sentado en su silla de ruedas, solo, con la mirada perdida. Rememora tiempos de…
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