Una rareza belliniana un poco después de un bicentenario poco festejado en Francia, en la capital, en un teatro con solera y con un reparto que reúne a los dos protagonistas de la futura 'première' en el Met en versión escénica, tenía que concitar la atención de todo el mundo. Por supuesto, pocos llegaban libres de prejuicios a favor o en contra.Si el lector es de los que creen que el bel canto se basa en un canto expresionista a base de golpes de glotis, sonidos feos (naturales o deliberados), ruptura y desigualdades entre registros, agudos gritados o viciados de trémolo y vibrato, lo que sigue no le satisfará. Si, en cambio, piensa que haciendo música honradamente y tratando de expresarse con sus propios medios se cumple con el autor, pensará probablemente como quien esto firma que Renée Fleming puede perfectamente introducirse en este…
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