Discos

Aleksandra Mikulska, Chopin y Liszt

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 8 de julio de 2020
Reflections. Aleksandra Mikulska, piano. Frédéric Chopin, Ballada nº 4 en fa menor, Op. 52; Sonata para piano nº 3 en si menor, Op. 58. Franz Liszt, Sonata para piano en Piano Sonata en si menor S 178. Un CD de 70'12“ de duración grabado en el Franz-Listz-Konzertsaal Raiding, Austria el 13 de octubre de 2019. Ingenieros de sonido: Holger Busse, Alfredo Lasheras Hakobian, Michael Silberhorn. Recording Producer / Tonmeister: Jens Jamin. Genuin classics / recording group (GbR), Leipzig, Germany.

En las interpretaciones de Aleksandra Mikulska se reúnen la gran perfección técnica con la profundidad musical más honda e íntima, por lo que las exigentes obras de Frédéric Chopin y de Franz Liszt son de lo más idóneas para inspirar el arte de esta virtuosa pianista nacida en Varsovia. En este nuevo disco compacto titulado Reflections, lanzado el 3 de julio de 2020, la deliciosa mezcla de la Balada número 4 en fa menor opus 52, la Sonata para piano número 3 en si menor, opus 58 de Chopin, y la Sonata en si menor, S.178, la más difiicil y exigente de Liszt, contiene una gran cantidad de colores y emociones, desde el lirismo más poético hasta el drama con suspense y misticismo más enigmático.

Con las obras seleccionadas, Mikulska se concentra en los años creativos de Chopin entre 1842 y 1844 y, por lo tanto, transmite primero el sentimiento musical de los tiempos en los que el compositor se quedaba en su hogar adoptivo de París, aparte de las estancias de verano en Nohant y de aquel otoño e invierno 1838/1839 en Mallorca con George Sand. Las composiciones reflejan la gran sensibilidad desplegada por Chopin en sus variados programas, así como su gran talento para producciones de alto contraste en el menor espacio posible, conformando el fascinante mundo de su típico sonido.

Mikulska, presidenta de la Sociedad Chopin de Alemania, con sede en Darmstadt, puede hacer un examen retrospectivo de su intenso quehacer con el compositor y, como artista tan exquisita del teclado, está claramente familiarizada con sus complejas partituras. Este CD atestigua esa larga e intensa relación con la labor de su compatriota y la honda comprensión de su lenguaje sonoro.

La Balada y la Sonata exudan poesía y expresividad e inmediatamente revelan el ingenio musical, rico en contrastes, que Chopin siempre ha derramado al componer sus obras, hasta el punto de la contradicción, y que ilustran los altos niveles de refinamiento y expresividad que alcanzaba.

Las composiciones acaparan los oídos en la tierra natal de Chopin, creando conexiones encantadoras entrre los versos del poeta nacional (y amigo) Adam Mickiewicz y el virtuosismo aireado que irradia la fascinación irresistible de la metrópolis cultural de París, donde ambos se encontraban exiliados. La elegancia también seduce aquí, con una transparencia casi mágica, en el desarrollo de las líneas melódicas.

La Sonata en si menor de Chopin, opus 58, fue el último trabajo creado de esta forma en el verano de 1844 y fascina con su arco de tensión contrastante, que combina ligereza lírica con nerviosismo agitado e inquietud. Mikulska acaricia con tierna sensualidad y delicadeza las teclas y se muestra una vez más (¿quien, si no ella misma?), como una gran mediadora de la compleja música de Chopin.

Con una energía casi infinita, la pianista polaca deja que el teclado brille y hable, creando ámbitos estilizados para la fuerza de los acordes de gran formato, así como para los pequeños acentos y giros que hacen que la música de Chopin sea tan adorable.

Aleksandra Mikulska vive y siente a Frédéric Chopin profundamente, sin extravagancias; alcanza un equilibrio sin par entre una actitud fundamental soñadora y poética, así como un claro y airoso acceso, utilizando sutilmente el pedal. El piano Bösendorfer, Concert Grand 280 VC, su preferido, exhala tonos suaves, extraordinariamente dulces y matizados, pero también el brillo duro, ligeramente frío en los pasajes respectivos.

Uno no se pierde así no más en la poesía del ensueño, de la cual hay mucho, sino que enfrenta a Chopin con una visión diáfana, ya desde los siete compases introductorios de la Balada en fa menor número 4 opus 52 (dedicada a la baronesa de Rothschild). Mikulska sabe muy bien cómo generar tensión con la mano izquierda, lo que permite que la voz de la melodía se desarrolle con bastante libertad, aunque manteniendo el equilibrio; y utiliza el virtuosismo en gran medida en el sentido del timbre, no para mostrar meramente brío, sino para conmover...¡y bien que lo logra! La pieza obtiene así ligereza, claridad y espíritu.

La destacada pianista, cuyo arte tendremos el placer de disfrutar personalmente en un concierto en septiembre próximo en Düsseldorf, es además una enamorada de Franz Liszt y así lo confiesa sin ambages en su total e impresionante entrega en la Sonata en si menor, S. 178 (1853), dedicada a Robert Schumann, respondiendo a este compositor alemán por haberle obsequiado su Fantasía en do mayor opus 17 (1836).

En esta pieza clave, el compositor húngaro encarna en el piano al mismísimo demonio romántico en persona que es; en todas las fases de su estado de ánimo, fantaseando, improvisando y variando en un solo movimiento de cuatro temas, muy lejos del resto del esquema tradicional de la sonata a lo largo de sus casi 32 minutos de duración. Mikulska, con un perfeccionismo maravilloso, nos exhibe en su ejecución toda la fuerza luminosa de Liszt, un rayo láser de aquel tiempo con miras hacia el futuro del arte pianístico y del propio género.

Este CD es un verdadero tesoro que coloca a esta destacada pianista en su relevante sitial, el de una las intérpretes con mejor capacidad de traducir el universo de Chopin y de Liszt con enorme hondura y riqueza. El gran mérito de Mikulska es el de ofrecer interpretaciones de gran rigor y preocupación por la autenticidad, ganando mucho en la arquitectura del sonido.

La grabación, el 13 de octubre de 2019, de la Radio Österreich 1 (ORF), en la Franz-Liszt-Konzertsaal de Raiding, Austria, de sobresaliente acústica, entrega una imagen sonora de inmediatez extrema, con la amplitud y espacialidad habitual de los registros en vivo. El piano Bösendorfer, bien centrado, ofrece un tono claro, límpido, con agudos tenues y graves que resuenan con excelencia.

Esta producción está disponible para el público desde cualquier rincón del planeta y llega en un momento más que oportuno, cuando el mercado discográfico, al contrario de los streamings, se recupera a pasos agigantados en medio de esta pandemia del coronavirus.

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