Presenciar un concierto de Sir András Schiff es como asistir a un oficio solemne. Quienes acuden a sus recitales dejan el mundo en el guardarropa durante el tiempo que sea para entrar en un espacio de concentración y recogimiento íntimo. Siempre trae música rica y compleja para los oyentes. El pianista, asumiendo el papel de un sacerdote se adentra en su tesoro casi inagotable y toca sin pausas la primera, la segunda, la tercera y la cuarta pieza, antes de recibir prolongadas ovaciones de pie del público y ofrecer dos o tres bises más.
La Fantasía cromática y fuga en re menor BWV 903 debe de haber sonado más o menos así cuando Johann Sebastian Bach se sentó ante el clavecín y la improvisó, allá por 1717 en Köthen (hoy Sajonia-Anhalt). Debió haber sido tan fluída, tan burbujeante, con tal brillante ataque y tanta alegría de tocar, como la…
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