250 aniversario de Ludwig van Beethoven

El retrato de Beethoven

Juan Carlos Tellechea

martes, 21 de julio de 2020
In bester Gesellschaft © 2020 by Beethoven-Haus Bonn

Quien evoca a Ludwig van Beethoven tiene siempre en mente al famoso óleo en el que se lo ve con pañuelo rojo al cuello, gesto adusto y pensativo, escribiendo la partitura de su Missa solemnis, que fuera creado a comienzos de 1820 por el pintor alemán Joseph Karl Stieler (Mainz ,1781-Múnich, 1858) y expuesto por primera vez el 24 de abril de 1824 en la histórica Kunstakademie de Viena.

La icónica imagen que inspirara a numerosos otros artistas de generaciones posteriores, entre ellos a Andy Warhol y John van Hamersveld, puede ser admirada en estos meses en la exposición permanente de la Casa natal de Beethoven , cuyo presidente es actualmente el virtuoso violinista británico-alemán Daniel Hope (Durban, Sudáfrica, 1973).

De ahí que la editorial de esta renombrada entidad haya sacado una publicación especial que acompaña a los visitantes de la muestra, titulada In bester Gesellschaft. Joseph Stielers Beethoven-Porträt und seine Geschichte* (En la mejor compañía. El retrato de Beethoven de Joseph Stieler y su historia), editado por la historiadora de arte y arqueóloga Silke Bettermann y las musicólogas Nicole Kämpken y Julia Ronge. La redacción del libro corrió a cargo de las Dras. Bettermann, Kämpken y de la también musicóloga, profesora Dra. Christine Siegert, directora del prestigioso Archivo de la Beethoven-Haus).

Como afirma el propio director (administrativo) de la Casa natal de Beethoven, Malte Boecker, en el prefacio de la obra, este venerable lienzo de Stieler es indiscutiblemente el icono que representa la extraordinaria aprobación que tiene el genial compositor en todo el mundo, salvando distancias, algo así como La Mona Lisa de la Beethoven-Haus de Bonn.

El nombre de Stieler, formado primero en Viena con Heinrich Füger y después en París con François Gerard se lo asocia inmediatamente en Alemania con otros magníficos retratos de figuras no menos relevantes de la preciosa historia cultural de este país, entre ellos Johann Wolfgang von Goethe (1828), Friedrich Schiller (1850) y Alexander von Humboldt (1843), por citar a algunos de los más conocidos en nuestro ámbito, pero también de Antonie Brentano (1808), amiga, gran admiradora, figura central en la vida de Beethoven, y del filósofo, antropólogo y teórico de la medicina romántica Friedrich Wilhelm von Schelling (1835), uno de los máximos representantes del idealismo alemán, así como del emperador Francisco I de Austria (1817) y del rey Luis I de Baviera (1826).

De Antonie Toni Brentano (Viena, 1780-Francfort del Meno, 1869), hija del diplomático Johann Melchior Edler von Birkenstock, consejero y confidente de la emperatriz María Teresa, y emparentada a través de su marido, Franz, con los escritores Clemens Brentano y Bettina von Arnim, suponen algunos musicólogos, aunque sin pruebas concretas, que se trata de la Amada inmortal a la que Beethoven dirigiera su famosa y enigmática carta de tres páginas.

Lo cierto es que Beethoven obsequiaría a Toni en 1812 el manuscrito de su Lied An die Geliebte (WoO 140), le dedicaría varias de sus obras, la edición en inglés de su última Sonata para piano en do mayor op 111 (1822) y de las Diabelli-Variationen op 120 (1823), así como escribiría varias dedicatorias a las ediciones impresas de sus Goethe-Lieder opus 83 y de su transcripción para piano del Oratorio Cristo en el Monte de los Olivos op 85.

Además compondría para Maximiliane, hija de Toni, el Trío en si bemol mayor WoO 39 (1812) y le dedicaría a la Sonata para piano en mi mayor op 109 (1821). Originalmente Beethoven se proponía dedicarle a Antonie Brentano sus tres últimas Sonatas (opus 109, 110 y 111).

Detalle curioso, en 2018 fue descubierto un ejemplar hasta entonces desconocido de la primera impresión de la partitura de la Sinfonía número 7 en la mayor op 92 (1811/1812), terminada el 13 de mayo de 1812. La partitura apareció en noviembre de 1816 en la editorial S.A. Steiner & Comp de Viena. Sobre la portada figura la dedicatoria manuscrita A mi muy estimada amiga Antonie Brentano, de Beethoven. El valioso testimonio fue adquirido por el Beethoven Center de la San José State University, California, Estados Unidos.

Pero volviendo a nuestra reseña, Stieler ingresaría en 1812 al servicio del rey de Baviera Maximiliano I, en cuya misión regresaría a Viena en 1816 para permanecer allí por varios años para retratar a la pareja imperial austríaca y a diversos miembros de la corte. En esa misma época pintaría el cuadro de Beethoven, por encargo del matrimonio amigo de Franz y Antonie Brentano. Un dato singular: el genial compositor jamás dedicaría ninguna de sus obras al marido de Toni.

Poco después de este trabajo Stieler regresaría definitivamente a Baviera, donde continuaría creando con gran éxito hasta su muerte en 1858 y dirigiendo un gran taller en el que también pintaban su hijo y un sobrino suyo.

Stieler pudo retratar a Beethoven, porque lo conocía personalmente y pudo convencerlo de posar para su cuadro. Así fue como se produjeron al menos cuatro encuentros entre los meses de febrero y abril de 1820 durante los cuales el lienzo quedó prácticamente terminado. Inmediatamente después de concluir su labor, el pintor presentó con gran éxito el óleo en la Exposición de Primavera de la Academia de Bellas Artes de Viena.

Este éxito que llega hasta nuestros días no era casual; se fundamentaba en el concepto de Stieler de salirse de una representación realista para mostrar a Beethoven en su propio mundo como una personalidad idealizada e inspirada, una especialidad en la creación de imagen que fuera elogiosamente mencionada en el siglo XIX.

El cuadro coloca a Beethoven en medio de la naturaleza y lo muestra con un lapiz y el manuscrito de la Missa solemnis en sus manos, esto es, en la fulgurante actividad intelectual de componer. El pintor y el compositor discutieron exhaustivamente la cuestión de cómo debería ser rotulado el manuscrito y cuál movimiento del opus 123 debía aparecer en la portada. Evidentemente Stieler estaba muy interesado en no dejar dudas sobre la autenticidad de la representación. Las anotaciones puestas por Beethoven en la partitura figuran asimismo con exactitud en el cuadro.

Con la mirada dirigida más bien hacia arriba, como buscando inspiración, el óleo capta un motivo que se utilizaba a menudo con compositores musicales en el siglo XVIII, verbigracia el de Christoph Willibald Gluck, creado por Joseph-Siffred Duplessis, o el de Giovanni Paisiello, de Marie Louise Élisabeth Vigée-Lebrun. Stieler juega asimismo con la postura de su modelo en la tradición europea de las miniaturas del medievo y cita representaciones de los evangelistas y de los padres de la Iglesia que escuchaban el mensaje divino.

Esa pose, en conexión con la representación de la naturaleza al fondo del cuadro, puede interpretarse como la de un hombre solitario e introvertido que traslada a la música su sentir más íntimo. En esa concepción se destaca claramente el óleo de Stieler del tipo de retratos de Beethoven de otros artistas contemporáneos y muestra tendencias a interpretar al compositor en el sentido del culto al genio romántico.

A Beethoven le gustaba mucho el cuadro. Según el músico Anton Schindler el compositor siempre afirmaba que éste le parecía el retrato suyo mejor logrado y cuando en 1826 se publicó una litografía de la obra de Stieler, Beethoven la obsequiaría a diversos amigos, entre ellos a Stephan von Breuning, Karl Holz y Franz Gerhard Wegeler. En una carta a éste último mencionado, el compositor calificaría con reconocimiento de obra maestra al retrato.

En la primera mitad del siglo XIX el lienzo tuvo que haber sido extraordinariamente popular , a juzgar no solo por las múltiples reproducciones gráficas realizadas, sino también por su utilización en la decoración de objetos de uso cotidiano, como una copa con bordes dorados de Carl Ludwig Hofmeister. Desde entonces ese éxito se mantiene inquebrantado.

Principalmente después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y debido a las experiencias y vivencias durante los años de la conflagración bélica, se transformaría por completo la representación e interpretación de Beethoven. A través del cuestionamiento de los valores y visiones de la sociedad, el lenguaje artístico cambiaría drásticamente, lo que se muestra en el enfoque integral de la representación de Beethoven.

Si bien el lienzo de Stieler seguiría siendo el modelo elegido para el retrato del compositor, solo serviría de base para reinterpretaciones más complejas y muy diferenciadas. Por medio del tratamiento de estampación serigráfica que le daría Andy Warhol a la imagen en 1987, el cuadro se convertiría en un icono de la modernidad de Beethoven que determinaría más que cualquier otro trabajo la visión de la opinión pública de nuestros días sobre este genial compositor, músico y artista creador.

Notas

Ulrike von Hase-Schmundt, Silke Bettermann, Barbara Loose, Maria Geuchen , "In bester Gesellschaft: Joseph Stielers Beethoven-Porträt und seine Geschichte", Bonn: Beethoven-Haus Verlag, 2019, 97 Seiten. ISBN 978-3-88188-171-5

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