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La nueva ira o por qué Donald Trump odia a las mujeres inteligentes

Juan Carlos Tellechea

lunes, 17 de agosto de 2020
Zu viel und nie genug © 2020 by Heyne Verlag

Las protestas globales vuelven a las calles en esa mezcla por demás explosiva: contra el desastre climático; la violencia policial; el racismo; la opresión de las mujeres; la crisis económica por la pandemia; las estrictas medidas de prevención; el menoscabo del estatus liberal de Hong Kong, la globalización en general y el sistema capitalista neoliberal en particular. La gente protesta a gritos por más justicia social, y cada vez son más los que arremeten con nueva ira.

No son ni agitadores ni anarquistas profesionales ni buscan la guerra civil, como proclama un narcisista patológico venido a presidente de la mayor potencia mundial, y víctima de sus propios desórdenes de la personalidad, que por más señas acusa a la plataforma china de vídeos Tik Tok de boicotear sus actos de campaña electoral y de espiar para Pequín.

La psicóloga Mary Lea Trump, sobrina del 45º presidente de los Estados Unidos, acaba de desnudarlo en un libro titulado Too Much and Never Enough; How My Family Created the World's Most Dangeorus Man (by Simon & Schuster, New York), traducido al alemán como Zu viel und nie genug. Wie meine Familie den gefährlichsten Mann der Welt erschuf (Demasiado y jamás suficiente. Como creó mi famila al hombre más peligroso del mundo) por Christiane Bernhardt, Pieke Biermann, Gisela Fichtl, Monika Köpfer y Eva Schestag en la editorial Wilhelm Heyne/Random House, de Múnich.

Mary L. Trump, de 55 años, certifica que su tío es un mentiroso patológico que (…) ha mentido todos los días de su vida. También acusa a Donald Trump de ser racista. No creo que pueda caber alguna duda de ello, sostiene Mary Trump, al tiempo que critica el hecho de que muchos medios de comunicación estadounidenses han tratado a su tío con demasiada consideración sin calificar, durante mucho tiempo y a calzón quitado, las mentiras como lo que son, mentiras, y de racistas, como lo son, sus declaraciones.

No. Son (inequívocamente) racistas, reitera puntualizando de forma categórica su sobrina y psicóloga, quien elude el compromiso ético de discreción (regla de Goldwater) que deben guardar todos los profesionales en esta área, prestando testimonio como familiar de Donald Trump. Él es racista. Eso hay que decirlo claramente. Mary Trump explica a través de la historia familiar el comportamiento de su tío en el manejo de la crisis del coronavirus.

En la casa de su abuelo, el padre de Donald y Fred Trump, había una atmósfera en la que no se permitía hablar de cosas negativas, relata la psicóloga. Donald también aprendió esta lección. No se habla de algo negativo. No lo reconoces. Lo ignoras y desaparecerá. Obviamente esto no sucedió así, sostiene la psicóloga. Una corrección del curso habría sido admitir un error. Y es igual de incapaz de hacerlo, porque en mi familia se consideraba una debilidad mortal disculparse o admitir que estabas equivocado, sostiene Mary Trump.

Donald Trump y su familia trataron sin éxito de impedir por todos los medios judiciales y extrajudiciales a su alcance que el libro ganara la luz pública. Las apelaciones fueron denegadas y la obra de Mary Trump, formada en el prestigioso Derner Institute of Advanced Psychological Studies, de Nueva York, donde se doctoró, puede ser ahora divulgada libremente.

Si bien los impenitentes seguidores del candidato republicano continuarán apoyándolo, de cara a las próximas elecciones presidenciales del 3 de noviembre, nadie podrá afirmar ahora que no está enterado de lo que pasa por la peligrosa mente de este hombre.

Hay otras circunstancias que podrían mermar quizás las posibilidades para su reelección: el desempleo masivo, el decreciente número de partidarios y la personalidad del contrincante demócrata, Joe Biden, considerado ya como una sólida alternativa en estos confusos tiempos que vive la ciudadanía estadounidense.

Mary Lea Trump es la hija del hermano mayor de Donald Trump, Fred, quien murió en 1981 y padecía de alcoholismo. El hermano menor de Donald Trump, Robert Trump (fallecido este sábado 15 de agosto), fracasó a último minuto ante un tribunal de Nueva York, tras solicitar una orden judicial para detener la publicación. En Alemania, el libro se ha empezado a difundir el pasado 12 de agosto. Por supuesto, Donald Trump se ha visto obligado personalmente a salir a la defensiva contra este libro calificándolo de maligno y tonto.

Desde que George Floyd fuera asesinado el 25 de mayo de 2020 por el oficial de policía Derek Chauvin en Minneápolis, cientos de miles han protestado en todo el planeta contra la violencia policial y el racismo. También en Alemania y en otros países europeos se han registrado con más o menos violencia las mismas escenas.

Era el momento oportuno, afirma Tidiane Diouwara (53), pionera de las protestas antiracistas en Suiza. Las manifestaciones, tras la muerte de Floyd, dejaron en evidencia la insatisfacción de la generación joven, mejor conectada ahora a través de las redes sociales. Las protestas en todo el mundo se difunden en tiempo real; esto tiene un fuerte efecto emocional, y es muy probable que motive a las personas a unirse a una protesta.

Hasta las prostitutas salieron de sus burdeles en la ciudad alemana de Colonia y en otras importantes urbes de este país para reclamar contra el cierre de sus locales y la discriminación que padecen por falta de ayudas estatales en medio de la crisis. La prostitución es también relevante en el sistema y sus trabajadoras y trabajadores debieran recibir apoyos económicos de emergencia como todos los demás sectores, sostienen con furia.

Paralela y coincidentemente con estos agitados momentos, aparece también Feminismus. Die Illustrierte Geschichte der Weltweiten Frauenbewegung (Feminismo. La historia ilustrada del movimiento feminista mundial) de la investigadora y profesora de Harvard Jane Gerhard y el fotógrafo Dan Tucker, publicada por la editorial (del mismo grupo) Prestel/Randomhouse, de Múnich.

Una de las históricas imágenes del libro evoca la fecha del 5 de febrero de 2019, cuando el presidente Donald Trump pronunciaba el mensaje a la Nación y las Representantes Demócratas en el Congreso de los Estados Unidos celebraban, vestidas íntegramente de blanco, el centenario del voto femenino.

Hoy vestimos de blanco para manifestar nuestra solidaridad con el movimiento sufragista femenino. Las mujeres no aceptaban en aquel entonces un “no“ como respuesta , expresaban las representantes, al tiempo que el presidente elogiaba la cifra récord de mujeres en la cámara baja.

Lo que son las contradicciones, aún en las filas de quienes debieran ser las más interesadas en defender el tema. Tres años antes el 53% de las mujeres había votado nada menos que por el partido Republicano que respaldaba a Trump, quien odia a las mujeres, y sobre todo a las más inteligentes que él, como veremos más adelante, frustrando la ciudadanía con su elección las aspiraciones de la candidata Demócrata, Hillary Clinton, para convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos.

Así es la vida, y esto también es historia: ignorar que los Derechos de la Mujer constituyeron el mayor debate social en los últimos 150 años. El voumen de 250 páginas de la editorial Prestel ilustra la historia del movimiento y de la lucha global por la igualdad femenina.

Los textos, muy bien documentados, cubren temas vitales para las mujeres de todo el mundo: el derecho al voto, la libertad de tener o no hijos, el matrimonio y los derechos de propiedad, la igualdad de género en el trabajo, las nociones opresivas y la manipulación sexista de la belleza femenina, la igualdad racial y los derechos de homosexuales, bisexuales, transexuales (LGBTQ).

A través de una visión comparativa en todos los continentes, la obra muestra las tendencias, desarrollos y eventos feministas más importantes en estos 150 años y retrata a las activistas por los derechos de la mujer que han apoyado y han dado forma a este movimiento político, social y cultural: desde las sufragistas Emmeline Pankhurst y Marie Stritt, pasando por Simone de Beauvoir y Gloria Steinem hasta las fuertes voces feministas como la de Chimamanda Ngozi Adichie de nuestros días.

La capacidad de movilizar protestas, como las huelgas de mujeres o el movimiento juvenil contra el cambio climático muestra que sus problemas atraen a amplios sectores de la población. Esta es la única razón por la cual la estudiante sueca de 17 años Greta Thunberg logró desencadenar una de las mayores acciones de protesta en la historia de la humanidad.

La cultura de la protesta está experimentando un renacimiento, afortunadamente. El aspecto que podría tener una nueva sociedad no se negocia en el parqué político, sino de frente y ante todo el mundo. El politólogo Cloé Jans (34) habla de un nuevo Zeitgeist (espíritu de la época): Desde el punto de vista de los manifestantes, la élite política no tiene soluciones para los problemas más acuciantes de nuestro tiempo. Los hombres y las mujeres todavía no reciben el mismo trato, los grupos de población individuales están en desventaja económica y social, y no hay voluntad política para abordar seriamente el problema climático.

Este es un caldo de cultivo perfecto para movimientos y protestas de diferentes espectros, continúa el empleado del Instituto de Investigación Social de Berna (GFS). Además, está creciendo una generación que, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, ya no cree que algún día estará económica y socialmente en mejor situación que sus padres.

El sociólogo alemán Oliver Nachtwey (45), quien ha convertido las protestas internacionales en su tema de investigación, ve un patrón singular en el sorprendente crecimiento de la revuelta social. Nachtwey describe el fenómeno como un nuevo deseo de protestar: El movimiento ‹Occupy› en 2010 marcó el regreso a las protestas mundiales. Aunque se apagaron rápidamente, ahora han regresado en una nueva forma. Estamos en un punto de inflexión, sostiene

Las sociedades capitalistas y de consumo modernas se encuentran en una crisis fundamental. Muchos ciudadanos sienten que sus reclamos de justicia social no se han cumplido, debido al color de su piel o a su pertenencia a determinado grupo social . Cada vez es más difícil encontrar viviendas asequibles en las ciudades. Las primas de seguro de salud están aumentando; y las personas con trabajos mal pagados apenas pueden llegar a fin de mes.

En este sentido, la sociedad actúa sola, por sí misma. El sociólogo afirma que ni el mercado ni la democracia han respondido adecuadamente a estos desafíos. Ahora la sociedad está tomando el tema en sus propias manos. Los movimientos de estos días también darían a los partidos populares establecidos la oportunidad de no politizar más allá del pueblo, y podría revitalizarlos como administradores de la crisis.

Pero volviendo a Mary L. Trump, la psicóloga y sobrina de Donald Trump considera que la canciller alemana Angela Merkel es significativamente más inteligente que su tío. La mujer podría fácilmente superarlo intelectualmente, decclaraba Mary Trump antes de la publicación de su libro. Creo que odia esa situación; y lo vuelve loco.

La psicóloga dice creer que la difícil relación de Trump con Alemania se debe en parte al hecho de que Merkel es una mujer fuerte. Y Donald no se lleva bien con mujeres fuertes. Una de ellas es también la senadora Kamala Harris, de 55 años, candidata a vicepresidente de los Estados Unidos que integra la fórmula junto con Joe Biden por el partido Demócrata para los próximos comicios. La desatinada y agraviante reacción de Donald Trump contra la designación de Harris no se hizo esperar, como hemos podido observar en estos días.

En su libro, Mary Trump advierte sobre el probable fin de la democracia estadounidense, si el republicano Donald Trump fuera reelegido en noviembre. Mary Trump dice que votará por Joe Biden, porque ya no se trata de afiliación partidista, sino de lo que está bien y de lo que está mal en este país.

Uno de los objetivos de su libro es proporcionar a los estadounidenses información que no poseían en las elecciones de 2016. "Independientemente de cómo vote la gente en noviembre, ya no podrán decir: Oh, yo no lo sabía; y no podrán ignorar más todo lo que ha hecho.

Mary Trump cuenta que, como contratista del sector de la construcción en Nueva York, Donald Trump fingió tener raíces suecas, pese a que su familia era de Alemania, por parte paterna, y de Escocia, por vía materna. A Trump le preocupaba no ofender a sus socios comerciales judíos en Nueva York. No tenemos nada sueco en nuestra familia, en absoluto. No sé por qué no dijo escocés, dice Mary Trump. Nos burlábamos de ello, porque era muy ridículo.

Leyendo el libro de Mary Lea Trump uno se siente un poco como ante una de esas páginas de ilustraciones en las que se puede pintar siguiendo los números de las figuras: el contorno de una imagen estaba claro antes, pero faltaba el color y la autora lo completa. Entre otras cosas, describe el drama familiar sobre la madre de Trump, Mary Anne.

En la primera oración del capítulo inicial del libro refiere: ¡Papá, mamá sangra! La hermana de Donald Trump, Maryanne, entonces de doce años, pedía ayuda al encontrar a su madre inconsciente tirada sobre el piso de baldosas bañadas en sangre. Después del nacimiento de su quinto y último hijo Mary Anne, casi muere de complicaciones graves.

Era el tipo de madre que usaba a sus hijos para consolarse en lugar de consolarlos, escribe Mary Trump. Ella estaba emocional y físicamente ausente. Los niños estaban básicamente sin madre. Las descripciones que hace Mary L. Trump del padre de Donald Trump son igualmente devastadoras. Fred Trump era un hombre adicto al trabajo, insensible y dominante. Desmontó a su hijo mayor Freddy al quitar valor a cada aspecto de su personalidad y de sus habilidades y humillarlo.

Freddy Trump murió de un ataque al corazón, luego de complicaciones por el alcoholismo. El patriarca también destruyó a Donald al suprimir su capacidad de desarrollar todo el espectro de las emociones humanas.

Mary Trump aborda asimismo al abuso emocional que dió forma a un hogar colmado de frialdad. Hoy, las atrocidades de Trump como presidente son una pura demostración de poder. Son para distraernos de él y a él de su fracaso, afirma su sobrina.

El diagnóstico parece plausible porque se ajusta a la imagen que el propio Trump transmite al mundo desde la Casa Blanca todos los días. Ya en 2017, los expertos atestiguaban el narcisismo patológico del presidente de los Estados Unidos, un desprendimiento delirante de la realidad, el odio a las mujeres, la malicia y una admiración por los dictadores. Pero los esfuerzos para investigar la psique de Trump no habían progresado mucho más hasta ahora.

La llamada regla de Goldwater prohíbe a los psiquiatras estadounidenses hablar sobre personas en la vida pública mediante un diagnóstico a distancia. Mary Trump elude este código, escribiendo el libro desde la perspectiva de un miembro de la familia.

La autora arranca su relato con el patriarca, Friedrich Trump (1869 - 1918), más tarde llamado Frederick, el alemán que a los 16 años de edad emigró a Estados Unidos desde la localidad vitivinícola de Kallstadt (hoy en Renania-Palatinado, antiguamente en Baviera); el que hizo su primer dinero con restaurantes situados en las zonas de los burdeles, que después abrió un salón de peluquería en Wall Street y que finalmente sentó las bases en Queens para los negocios inmobiliarios de su hijo Fred, el padre de Donald y abuelo de Mary Lea Trump.

Frederick Trump moriría de neumonía el 30 de mayo de 1918 en medio de la epidemia de Gripe Española. Poco tiempo antes había contratado un jugoso seguro de vida que contribuiría decisivamente a la formación de aquel patrimonio. Fred Trump, un hombre de gran sobriedad, inescrupulosidad y carente del más mínimo talento empático, es el verdadero canalla de la historia y una figura que bien podría servir de personaje central en una obra literaria de ficción (como siempre superada por la realidad).

Después de la lectura uno tampoco puede calificar a Donald Trump de loco o demente. La sobrina no menciona para nada la palabra crazy en su libro; tal vez porque etiquetarlo de tal forma relativizaría sus amenazas de guerra, su desgaste personal y su negligente manejo de la crisis por el COVID-19 que son muy reales; y además, porque muchos de sus partidarios y familiares lo siguen considerando el salvador de los Estados Unidos de América.

Así, los hijos, Ivanka, Tiffany, Eric y Don Jr rodean a su padre como a un defensor siempre sonriente. También la primera dama, Melania, apoya a su marido, pese a las acusaciones de sexismo y de pagos para acallar acusaciones de una estrella de la industria pornográfica. Las hermanas de Donald Trump, Maryanne y Elizabeth prefieren en cambio callar, y su ahora difunto hermano, Robert, como vimos más arriba, procuró, sin éxito, impedir judicialmente la publicación del libro por lealtad al presidente.

El libro que parece además un ajuste de cuentas al interior de la familia Trump, descubre además la disfuncionalidad de las relaciones en su seno, de la que tampoco escapa Mary Lea Trump. Muy probablemente la sobrina de Donald Trump se habría decidido a estudiar psicología en un intento por escapar de esos monstruos familiares.

En síntesis, la personalidad de Donald Trump es el resultado de una madre ausente y de un padre sociópata. Es ignorante, incapaz y está perdido en su delirio, escribe MaryTrump. Su ego es fragil y tiene que fortalecerlo constantemente, porque sabe en lo más profundo de su ser que no es lo que él afirma ser y sabe además que nunca recibió amor. Todo un drama familiar de consecuencias todavía inescrutables que se prolongará con toda seguridad por varios capítulos más.

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