Este opus 120 se lo debemos a Ludwig van Beethoven y a una historia muy divertida iniciada por un tal Anton Diabelli, editor y compositor de su época, quien pidió en 1819 a varios músicos que escribieran una variación sobre un tema bastante tosco de su propia creación. Entre los cincuenta autores interesados o solicitados, Beethoven solo se dejaría convencer, tras alguna resistencia y entregaría no una, sino 33 variaciones.
El editor Diabelli las publicaría en 1823, comparándolas con las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach. Beethoven trabajaría en el tema con una imaginación infinita y sus variaciones, oídas una tras otra, tal como las tocó esta tarde el pianista Gerhard Oppitz (Frauenau/Baja Baviera, 1953) en el Klavier-Festival Ruhr, fluyen durante casi una hora con impulso sereno y maravillosa naturalidad.
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