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Hijos de Abraham

Los judíos en Alemania y en Europa, una existencia revocable

Juan Carlos Tellechea
martes, 26 de enero de 2021
Antisemitismo © 2020 by C.H. Beck Antisemitismo © 2020 by C.H. Beck
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En ocho capítulos, sabiamente sintetizados, el profesor emérito de judaísmo Peter Schäfer, uno de los especialistas internacionales más destacados en esta materia, relata la historia del pueblo judío desde que adquirió su forma actual en el siglo VI a.C hasta el presente y rastrea el desarrollo dinámico del fenómeno del antisemitismo en un libro de 335 páginas titulado Kurze Geschichte des Antisemitismus (Breve historia del antisemitismo) que acaba de publicar la editorial C. H. Beck, de Múnich.

La obra fue lanzada en la antesala de la conmemoración del 1.700 aniversario de la presencia de judíos en lo que es hoy el territorio de la República Federal de Alemania, entonces bajo dominio del emperador romano Constantino el Grande.

El acontecimiento histórico que data del año 321 d.C será celebrado con una ceremonia especial en la ciudad renana de Colonia, numerosos eventos culturales en todo el país, y la edición de una amplia serie de publicaciones alusivas.

Si bien el antisemitismo no fue inventado en Alemania, no hay nada en esta conmemoración que pueda honrar a los representantes de este estado. Los judíos fueron necesarios, utilizados y expulsados o asesinados tan pronto como se los consideró rivales. Aquí han sufrido además uno de los más horrorosos genocidios de la historia moderna, y hasta el día de hoy hay matices alarmantes en el aniversario del 2021.


Peter Schäfer, catedrático emérito de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad de Princeton, muestra en su libro la dinámica del fenómeno extremadamente adaptable del antisemitismo (...)

que probablemente nunca podrá ser superado totalmente; aunque hay formas de evitar que el poder incontrolable inherente al antisemitismo destruya la civilización humana y se ponga de nuevo en marcha, afirma.
El libro bíblico de Ester, que en su versión hebrea más antigua se sitúa en la época persa, pero que probablemente fue escrito alrededor del año 300 a.C. y por lo tanto ya revela el nuevo espíritu helenístico de la época, es el documento más antiguo que proporciona información sobre el tema del antisemitismo (Ester 3,8 – 3,13, en la mejor traducción actual),

señala Schäfer, director del Museo Judío de Berlín entre 2014 y 2019.

En el año 321 d.C, gran parte de la Alemania actual pertenecía al Imperio Romano. En ese año, el emperador Constantino firmó un decreto que permitiría por primera vez que los judíos pudieran ser designados para el ayuntamiento de Colonia. Es tan solo el primer registro escrito de la vida judía en lo que un milenio y medio después se convertiría en el país que hoy conocemos.

De hecho ya había judíos en suelo alemán desde hacía unos 300 años antes, porque allí donde Roma dominaba o conquistaba vivían y venían numerosos judíos desde las riberas del mar Mediterráneo y más allá, incluso antes de la diáspora europea forzada por Roma en el 70 d.C con la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén.

Constantino precisaba de los judíos

Hubo algo así como una co-determinación de Constantino y de los judíos, por lo menos eso es lo que sugiere la tolerancia mostrada por el emperador, y no hay duda de ello. Este monarca prohibió a los judíos aceptar prosélitos y a los cristianos convertirse al judaísmo. Mas alentó la conversión de los judíos al cristianismo. La humanidad de Constantino se mantuvo dentro de los límites más estrechos. Cinco años después de su edicto, aparentemente tolerante, mandó asesinar a su esposa Fausta y a su hijo mayor Crispo.

A decir verdad, Constantino no quería a los judíos, sino que los necesitaba. En el muy desarrollado Imperio Romano, ya en decadencia y en crisis, así como muy especialmente en la entonces subdesarrollada Germania, se necesitaban ciudadanos que - para decirlo sin rodeos- a diferencia de los pocos nativos y de los muchos inmigrantes o bárbaros invasores - supieran leer y escribir o manejar el dinero y practicar el comercio a distancia. Los judíos ya vivían a orillas del Rin, junto con los Celtas, antes de que llegaran desde el este las tribus germánicas, la mayoría de las cuales inmigraron más tarde.

La política judía de Constantino caracterizaba la coexistencia germano-judía, incluso la diáspora judía a través de las épocas. Los judíos no eran queridos en el Occidente ya completamente cristianizado. Sólo eran bienvenidos donde, cuando y mientras fueran necesarios. Se les aplicó la gélida ley de la utilidad. De esto se deduce que la vida judía era, no sólo en Alemania, una existencia revocable en cualquier momento. A comienzos de la Edad Media, las comunidades judías se encontraban sobre todo en la cuenca del Rin, principalmente en Worms, Speyer y Mainz; pero también en Regensburg, Fráncfort y Passau.

El antijudaísmo cristiano

La discriminación contra los judíos por parte de los cristianos, era tan antigua como el cristianismo mismo, pero los pogromos, la persecución y liquidación de los judíos casi no se produjo en la pre-Alemania tardía ni en la temprana medieval, como tampoco en el oeste y sur de Europa hasta mediados del siglo XI. En aquellos primigenios tiempos se necesitaba a los judíos. No todos los judíos se dedicaban al dinero o al comercio a larga distancia, pero todos los judíos que se dedicaban a ello necesitaban (su propia) infraestructura judía. En consecuencia, los judíos serían tolerados en Europa mientras fueran de utilidad.

A mediados del siglo XI, sin embargo, llegaría el momento decisivo. La población pre-burguesa no judía - también en la España islámica - podía y quería entrar en el lucrativo negocio o liberarse de las deudas contraídas con los judíos. Lo mismo ocurrió, por ejemplo, con muchos participantes en la Primera Cruzada (1096-1099). En su camino a Tierra Santa, la incitada y empobrecida chusma rural y urbana del Rin y del Mosela quería liberar a su patria de los judíos y de sus deudas - a través de masacres, apoyadas por los más desesperados de Francia oriental, Flandes e Inglaterra.

Cediendo a la presión económica desde abajo -no sólo de Alemania- el Vaticano en el siglo XIII intensificó la teología anti-judía. Textualmente y también en sentido figurado, la hostilidad hacia los judíos se presumía como una moda. En las iglesias alemanas, más que en otros lugares, era muy popular el vulgar símbolo de la cerda judía. Los judíos tenían que ser reconocidos como tales por sus sombreros y, como las prostitutas de la época, por su ropa amarilla. Los nazis más tarde recogerían este color para las insignias con la estrella de David que obligaban a llevar de forma bien visible a los judíos adherida sobre su ropa de calle.

La sociología del antijudaísmo es notable. En suelo alemán y más allá, la discriminación contra los judíos, que no sólo estaba legitimada religiosamente, unió a las clases altas, medias y bajas nativas hasta la primera mitad del siglo XX. Las clases altas, incluyendo a los católicos y más tarde a los protestantes, protegían a los judíos. Es cierto que lo hicieron menos por caridad cristiana que por razones económicas.

A través del dinero de protección se enriquecieron personalmente a costa de los judíos, y necesitaban a los judíos generalmente mejor educados y sobre todo también mejor pagados para su economía nacional. De la relativa prosperidad, al menos de su clientela, dependía la supervivencia política de las autoridades. Cuando las clases bajas y medias se rebelaban contra las autoridades y salían victoriosas políticamente, los judíos eran usualmente amenazados de muerte.

La hostilidad hacia Israel, mendazmente disfrazada

Por eso los judíos alemanes eran todo, menos revoltosos o perturbadores de la paz. La autoridad para ellos era generalmente la protección contra la liquidación, a pesar de la permanente discriminación. Sin embargo, si las autoridades cedían por su propia voluntad a la presión anti-judía desde abajo, los judíos estaban perdidos. Esto es lo que ocurrió en el territorio de la actual Alemania, Europa Occidental y Central en la época de las pandemias de peste a partir de 1348 hasta los primeros trastornos modernos que desencadenaron las reacciones en cadena de expulsiones de judíos a comienzos del siglo XVI - por ejemplo, en 1492 de España, en 1497 de Portugal y finalmente en 1519 de Regensburg.

A partir de entonces el centro y el oeste de Europa estaban casi limpios de judíos. Las autoridades sólo permitieron que los judíos volvieran al país después de la devastación de la Guerra de los Treinta Años. Al igual que el emperador Constantino, el Gran Elector de Brandenburgo, Friedrich Wilhelm, por ejemplo, trajo judíos a su territorio en 1671. Necesitaba ciudadanos educados intelectual y empresarialmente -judíos y, desde 1685, hugonotes (los protestantes calvinistas de Francia).

Se los sigue necesitando

La necesidad de modernizadores capaces, sobre todo judíos, era más grande que nunca, no sólo en Alemania durante la Primera Revolución Industrial en la primera mitad del siglo XIX. Desde finales del siglo XIX, la Segunda Revolución Industrial ha sido moldeada por la propia clase media no judía. Como siempre, la ola que clamaba ¡Judíos fuera! ganó fuerza. A partir de 1933, los nazis se esforzaron por una Alemania y una Europa libre de judíos en el marco de la Solución Final". Seis millones de veces tuvieron éxito. No del todo, gracias a los Aliados (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Unión Soviética).

Los judíos no fueron invitados después de 1945/49, ni por la antigua República Federal ni por la RDA. Algunos vinieron de todos modos. No pudieron escapar al influjo seductor de Alemania; pese a todo y después de todo.

A partir de 1990, en la era de la reunificación, cuando el miedo a Alemania era desenfrenado, la nueva República Federal necesitaba construir una imagen. El canciller Helmut Kohl arrebató a Israel unos doscientos mil judíos que se suponía que venían de la Unión Soviética al Estado Judío. Sin ellos, el judaísmo en Alemania, que era muy pequeño en ese momento, se habría extinguido. Así que ha sobrevivido por el momento. ¿Será esto de forma duradera? Se preguntan ellos mismos y sus descendientes.

Hoy en día, Alemania está muy bien considerada incluso sin judíos. Una gran parte de la supuesta élite intelectual de Alemania, amplios círculos de la burguesía de izquierda y derecha, así como los extremistas de derecha, los extremistas de izquierda y muchos musulmanes consideran generalmente a los judíos de la diáspora como la quinta columna de Israel. Por lo tanto, una vez más, los judíos se enfrentan al peligro desde abajo.

Pero, a diferencia de lo que ha venido ocurriendo desde el 321 d.C, los judíos ya no están a merced de otros estados; tienen a Israel. Pero una Alemania limpia de judíos perdería el know how israelí y judío, en general, que también necesita urgentemente. Por lo tanto, este país, al menos oficialmente, está persuadido de que su destino está junto al del pueblo judío y que nunca más debe perpetrarse un genocidio en su territorio.

Quienquiera que tenga un problema con los judíos está aquí en el país equivocado, sentencia el diputado del parlamento federal (Bundestag) Cem Özdemir, de 55 años, nacido en una familia de inmigrantes turcos de origen circasiano y miembro del partido ecopacifista Verde alemán. Özdemir fue miembro de la comisión parlamentaria investigadora de los crímenes perpetrados hace 20 años por la brutal organización clandestina nazi NSU.

Notas

Peter Schäfer, «Kurze Geschichte des Antisemitismus», München: C.H. Beck, 2020, 335 Seiten. ISBN 978-3-406-75578-1

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