Una jirafa en Copenhague

Nefelibata

Omar Jerez
miércoles, 3 de marzo de 2021
Claro Presidente © by Julio Llópiz Casal Claro Presidente © by Julio Llópiz Casal
0,0012775

Anoche me puse a pensar en como el ser humano, en su mejor versión, tiene una capacidad empática endógena; no pude evitar que mi mente se retrotraiga a Ciudad Juárez y nuestra estancia allí denunciando la desaparición, muerte y violación, que acontece tristemente y de manera organizada, a las mujeres en esta zona geográfica de México, por el simple hecho de ser mujeres. Posteriormente a este proceso vivido y una vez aterrizados en España, nuestra mente volvió a nuestros quehaceres diarios; imperaba vivir el presente, nuestro presente, a pesar de los horrores vistos en la ciudad más peligrosa del mundo para nacer mujer.

Características similares nos sucedieron estando en Nápoles criticado a una de las cuatro mafias como es la camorra, llegamos al aeropuerto de barajas y en dos días volvimos a nuestra línea vital.

No iba a ser menos nuestra estancia y denuncia en la frontera de Corea del Norte tirando diez hamburguesas; una vez en casa, y cómo si de un domingo cualquiera se tratase fuimos a ver a nuestras familias y amigos, y de forma inevitable, ya pensábamos en los siguientes proyectos.

No hablo desde la frialdad o el desinterés emocional, nada más lejos de la realidad; cada uno de estos lugares marcan, pero al igual que el ser humano es empático también es una especie animal que busca la forma de conseguir, con los menores daños, su propia forma de supervivencia física y mental. No olvidamos Juárez, Nápoles o Corea, pero no son situaciones que formen parte del día a día; la vuelta a nuestra rutina la ejemplifico como una cruda realidad que te obliga a mirar hacia adelante interpretando dentro de los recursos de los que uno disponga la fatalidad, y si es posible trasformar aunque se antoje imposible. Relato todo esto ya que mi querido hermano cubano Julio Llópiz Casal me preguntó si estaba al tanto de lo ocurrido el 27 de enero, a lo que yo con vergüenza le dije que no.

Julio Llópiz Casal. © by Julio Llópiz Casal.Julio Llópiz Casal. © by Julio Llópiz Casal.

Es esto lo que quiero remarcar: el problema no desaparece aunque sigas con tu menesteres diarios, hay que volver a la realidad o la idea o el movimiento mueren.

Gracias y perdón mi adorable Julio Llópiz Casal por ese bofetón de realidad. Un bofetón que nos recuerda que aunque ese problema no lo vives diariamente en tu (nuestra) rutina europea, sigue muy presente en las rutinas y días de otros; es nuestro deber no olvidarlo y no relajarnos nunca.

Omar Jerez ¿Cuál es la situación actual de los artistas cubanos no institucionalizados con respecto al régimen castrista?

Oscilan entre lo alegal y lo ilegal. Para que entiendas, estar "institucionalizado" como artista en Cuba significa que el estado te facilita un dispositivo legal que te permite ser artista dentro de sus leyes: un carnet. Este carnet lo adquieres automáticamente si estudiaste en una escuela de arte y te permite exponer en las galerías comerciales (todas son estatales, no son legales las galerías privadas) o poder sacar obras del país, por ejemplo.

Si no estudiaste en una escuela de arte, teóricamente podrías adquirir el carnet si desarrollas una larga carrera en los circuitos de aficionados en las casas de cultura municipales, por ejemplo, que funcionan con un nivel de precariedad y burocracia infrahumanos: por ese camino muy pocos artistas llegan a tenerlo. Es una odisea. El otro camino es el de mover relaciones personales de influencia con funcionarios o alinearse con una política partidista de corte propagandístico y aspirar al documento como prebenda. Y el otro camino, por supuesto, puede ser el soborno y la corrupción.

A las dos semanas de conocerte fuiste detenido e interrogado por la contrainteligencia cubana.

Sí. Fui al Parque Central a una manifestación pacífica convocada por Luis Manuel Otero (el rostro más visible del MSI) por la liberación de Denis Solís; corrían los días en que estaban acuartelados y en huelga de hambre en la sede del Movimiento, en protesta por ese mismo motivo. Sentí el impulso de ir por solidaridad y, por supuesto, con miedo. Además no iba a dejar de acompañar a mi novia, Luz Escobar (periodista del diario 14ymedio), que iba a hacer su trabajo.

Estaba seguro de lo que iba a pasar y así fue: logramos llegar a penas cuatro personas al parque, además, por supuesto, de las decenas y decenas de efectivos de la policía política y regular vestidos de civil que ya tenían tomado el parque. Luz comenzó a transmitir en vivo desde su Facebook en cuanto llegamos y 15 minutos después se nos acercaron dos policías mujeres uniformadas y un agente de la Seguridad del Estado de civil que, con mucha agresividad, la hizo apagar el teléfono para luego conducirnos a una patrulla que nos llevó a una delegación, donde estuvimos detenidos por cuatro horas.

La última hora en el lugar me sacaron del calabozo y me llevaron a una oficina en donde me entrevistó un oficial de la contrainteligencia. El sujeto fue amable y educado. De manera "amigable", lo primero que me dijo fue: "Cuando me dijeron que eras tú el que estabas aquí no lo podía creer". Me dijo cosas como que conmigo él sentía que podía conversar, que yo me comportaba como "un artista de verdad", no como Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, que eran delincuentes comunes. Insistió en que tal vez lo que me pasaba era que "ellos" sabían cosas que yo no y que por eso había sido "manipulado"; hablaba todo el tiempo en primera persona del plural. Concluyó diciéndome que era un error que estuviéramos ahí mi novia y yo, que los otros policías nos habían confundido con gente que pretendía llegar al lugar con "intención de provocar". Esa tarde fueron detenidos varios activistas al salir de sus casas o intentando llegar al parque.

¿A qué se debió este hecho insólito siendo un artista y ciudadano pacífico?

Desde que comencé a ser adulto, humana e intelectualmente hablando, tuve claro que vivo en un país con gobierno totalitario. Durante mucho tiempo pensé que como artista podría vivir pensando libremente, haciendo mi trabajo y sin la necesidad de adoptar una postura cívica, más allá del arte, ante la desastrosa administración del partido único y su política cultural. Lo que sucedió fue que, con el tiempo, algunos de los actores fundamentales del disenso resultaron ser personas que conozco de cerca. Eso me hizo asumir una posición porque ya los reprimidos no se encontraban en las noticias o en la literatura, ahora eran artistas y algunos de mis amigos. No es igual escuchar disparos que sentir cómo las balas te pasan por el lado.

La emisión del Decreto 349 (que da al estado la posibilidad de criminalizar contenidos en el arte a conveniencia) me hizo darme cuenta definitivamente que tenía tres caminos: emigrar, callar y establecer relaciones de conveniencia con el poder cultural, o ejercer mi derecho (y mi deber, porque así lo siento) a decir lo que considero que está mal y a luchar por hacer la diferencia, aunque tenga graves consecuencias para mí.

Lo que me pasó, me está pasando y me pasará al parecer, es el resultado de que he decidido ser un artista que dice exactamente lo que piensa y adopta una posición al respecto: ese tipo de artista es un enemigo para el poder en Cuba.

¿Fue la primera vez que te viste en esta tesitura?

ST de la serie 35 milímetros. © by Julio Llópiz Casal.ST de la serie 35 milímetros. © by Julio Llópiz Casal.

 Sí. Una mañana del año 2007 en un parque del Vedado, cuando ni me imaginaba en esta situación, se formó repentinamente un violento acto de repudio ante mis ojos de decenas de personas gritando consignas y golpeando a un grupo de seis hombres y mujeres. Me fijé y llevaban unas camisetas blancas con el letrero de Derechos Humanos. Era el 10 de diciembre y supe entonces qué se celebraba y cómo actuaba el poder en Cuba en esa fecha. Casi paralizado, vi el "espectáculo" hasta el final, en que se llevaron a la fuerza a los repudiados en una mini van blanca. Ni la policía ni los agentes de la Seguridad del Estado parecieron percatarse de que yo estaba ahí.

Ese día sentí que cuando saliera de Cuba por primera vez jamás regresaría. Mi primer viaje no se dio hasta doce años después. He visitado cinco ciudades europeas y he salido de Cuba dos veces. Ya he sido víctima de arrestos, interrogatorios y actos de repudio yo también. Sigo viviendo en La Habana.

Habéis dado la vuelta al mundo por medio de expresiones artísticas reivindicado derechos y libertades no reconocidas por el gobierno, pero realmente ¿Qué es el movimiento San Isidro?

Yo no soy parte del Movimiento San Isidro. Pero puedo decirte que el MSI, además de grupo o movimiento, para mí es una comunidad de intereses integrada por artistas, activistas y otros exponentes de la sociedad civil que el poder en Cuba margina y reprime. Los artistas que lo integran son negros en su mayoría, no provienen de academias artísticas, viven en los barrios más desclasados y son precisamente los más vulnerables al Decreto 349. De hecho, el decreto fue lo que propició la fundación del MSI. Fue la reacción ante una amenaza. Se han sumado paulatinamente personas de todo tipo (no solo artistas) que sienten que el estado les ha relegado a un lugar en el que no quieren estar y no les permite agenciarse ese lugar deseado. El MSI es una alternativa a esa imposibilidad. El MSI es un espacio de resistencia.

¿Existe algún vocal que encabece el movimiento de San Isidro? ¿O es más bien un organigrama colectivo que decide y toma decisiones en cada acto concienzudamente?

Yo creo que se organizan y muy bien, a pesar de no guardar ninguna relación, o muy poca, con estándares y paradigmas de lo que es un movimiento organizado según eso que se conoce como el mundo civilizado.

Es importante tener en cuenta que trabajan en condiciones de hostigamiento policial constante y vigilancia de los servicios de inteligencia. Les suspenden el servicio telefónico, les invaden su privacidad cotidiana y virtual, les amenazan a amigos y familia, les difaman en los medios masivos al menos una vez por semana.

A Denis Solís lo condenaron en juicio sumario a ocho meses de cárcel, sin derecho a abogado, por "desacato a la autoridad". Días antes del arresto, un policía se metió a su casa sin su consentimiento filmándolo con un celular. Él respondió del mismo modo y comenzó a filmar y a transmitir por Facebook Live lo que había hecho el agente del orden. Se ve en el video cómo ofende al policía mientras le exige verbalmente que se vaya. Ese fue el delito por el que lo procesaron.

Desde que soy un adolescente he visto muchas veces peleas físicas de gente común con policías y las consecuencias no pasaron de unos días en el calabozo y altas multas. La razón real por la que condenaron a Solís fue que es rapero, miembro del MSI, negro y se había tatuado días antes las palabras Cuba en el pecho y Cambio en el abdomen, acompañadas de una fecha, y posteó la imagen en las redes sociales. Lo que hicieron con este muchacho fue crear un caso ejemplarizante para infundir miedo en quienes potencialmente podrían asumir una actitud similar.

A raíz de todo esto el MSI y otros simpatizantes decidieron reaccionar y protestar, por lo que sufrieron hostigamiento:

Anamely Ramos (historiadora del arte) fue detenida por haber preguntado en la carpeta de una estación de policía por el paradero de Denis y liberada horas después.

Fue negado el Hábeas Corpus presentado a favor del chico.

Una lectura de poesía como acto pacífico de protesta en las inmediaciones de la estación, fue desarticulada mediante redadas policiales en dos ocasiones.

Decidieron entonces hacer la lectura en la sede del MSI (una precaria casa en la Habana Vieja) hasta que no fuera liberado Denis.

La Seguridad del Estado extorsionó a la persona a la que le encargaron comprar comida para no parar la lectura. Fue entonces que varios se declararon en huelga de hambre y decidieron todos acuartelarse en el lugar.

Espero que esto te ilustre un poco la dinámica del MSI.

¿Cómo describirías al europeo acomodado entre los que me encuentro yo un día en la vida de un cubano disidente de la oficialidad?

Se levanta en la mañana. Desayuna. Revisa su mensajería electrónica y organiza su día o su trabajo. Intenta salir de casa y, si hay alguna acción programada (o la Contrainteligencia cree que la habrá), un agente de civil (apoyado por patrullas y policías que se encuentran no muy lejos del lugar) no le permite salir. Esto se puede prolongar por varios días: dos, tres, una semana, medio mes o más.

Un día también puede llegar la policía, con orden de registro o detención, y la persona verse implicada en un delito común sin siquiera pruebas. En Cuba la policía puede comenzar una investigación y vetar la actividad de un abogado en el caso hasta que el proceso no se encuentre en una determinada fase y pueden pasar varios días para eso. También puede haber una acusación formal y, sin pruebas, sin derecho a saber quién la hace, efectuarse la detención.

De modo más "leve", pueden citarte a cuantos interrogatorios estimen, obligar al dueño de la casa en que estas rentado a que te diga que tienes un plazo breve para abandonar el lugar. Pueden intimidar a tu familia, amigos, pareja. Pueden hacer que te expulsen del trabajo o que no te den empleo en determinado lugar, sea una entidad estatal o privada. Sin contar mensajes con amenazas de muerte, disímiles tipos de ofensas y difamaciones.

Uno de los hechos más extraños que he leído es la del ministro de cultura cubano Alpidio Alonso golpeando a un periodista para quitarle el teléfono ¿Cuál es la intrahistoria de esta situación para que el mismísimo ministro llegara a este grado de vandalización propio del matonismo?

El ministro no golpeó al periodista: le arrebató el celular de un manotazo y ese fue el gesto que desencadenó que más de cien policías, vestidos de civil, nos agredieran y nos montaran en un bus a la fuerza. Fue un espectáculo bastante horroroso. Nosotros éramos apenas veinte. El bus nos llevó a toda velocidad a una estación policial y estuvimos varias horas detenidos. En el trayecto varias policías en uniforme y agentes de civil nos gritaban, nos golpeaban a algunos, y no nos dejaban movernos.

Al ministro le tocó hacer ese acto bárbaro que quedó registrado para la historia porque es parte de su contenido de trabajo. Un ministro cubano, el que sea, hace lo que le ordenan desde la dirección del país; si no lo quitan del puesto (probablemente de modo deshonroso).

Lo que sucedió fue que subestimaron la sensibilidad de la gente en la actualidad, su solidaridad y la posibilidad organizativa que brinda las redes sociales.

En la mañana del 27 de noviembre de 2020, poco más de tres decenas de artistas, actores y cineastas nos encontramos en las afueras del ministerio, en protesta por el allanamiento de la sede del MSI la noche anterior para acabar con la huelga de hambre y el acuartelamiento. Le dijimos a una funcionaria que nos atendió que queríamos una reunión con el ministro y nos plantamos a esperar. Una vez que alguien posteó la primera foto en las redes diciendo en lo que estábamos, empezó a llegar gente y más gente a medida que pasaban los minutos (prensa extranjera acreditada en Cuba incluida). Así surgió lo que hoy se conoce como el 27N.

Aquella vez Alpidio Alonso nunca apareció y fue otro grupo de funcionarios, encabezado por el viceministro Fernando Rojas, el que atendió a las treinta personas que entramos a la institución representando a los cientos de fuera y elegidos democráticamente por ellos. Lo de "democráticamente" es importante señalarlo, porque en Cuba no hay democracia y cosas como esta nunca pasan. Entonces el ministro sale el día 27 de enero, dos meses después, le da un zarpazo a un periodista y es cómplice de un acto criminal, arbitrario y al margen de la ley. Esto lo descalifica automáticamente como ministro de cultura y denota una vez más la intolerancia del estado cubano ante cualquier forma de discrepancia.

Aquél 27 de enero pretendíamos vernos un pequeño grupo ante una estatua de José Martí que está en la la Habana Vieja, en conmemoración del 27N y en honor al poeta cubano en vísperas de su natalicio. Desde la noche anterior varios miembros del 27N recibieron llamadas de la Seguridad del Estado amenazando para que no nos reuniéramos. Muchos amanecieron con vigilancia e impedimento de salir de casa, solo unos pocos lograron llegar y fueron arrestadas otras tres en la calle. Cambiamos la acción para un busto de Martí más modesto en el Vedado, y al terminar fuimos al ministerio a protestar por la detención de nuestras compañeras. El viceministro salió y nos invitó a entrar con la condición de que dejáramos nuestros celulares bajo custodia de ellos: nos negamos porque es nuestra única arma contra la constante tergiversación que llevan a cabo desde los medios masivos. Luego de eso fue que salió el ministro y sucedió lo que ya he contado.

¿Tienes la sensación de haber sido abandonados por la comunidad internacional ante la represión que estáis padeciendo?

Más que abandonarnos, creo que lo que ha hecho una parte de la comunidad internacional es establecer una relación de conveniencia con la revolución, que les impide evaluar con objetividad la realidad cubana y priorizar el potencial simbólico de nuestro sistema político por encima de las consecuencias que el mismo ha tenido para su pueblo.

Piensan a Cuba como un estado normal, semejante a las democracias imperfectas o perfectibles del mundo real, cuando se trata de un país en que impera un modo de gobierno sui géneris, muy difícil de entender si no se tiene en cuenta que las estructuras estatales tienen un control bastante absoluto de la vida cotidiana. Asumen de manera pasiva el relato de justicia social que vende la propaganda oficialista y justifican desde ahí la falta de derechos y de participación ciudadana en que viven los cubanos de la isla. Vivir en sociedades en que sí existen esas libertades los hace ver e idealizar en abstracto el socialismo en Cuba. Les conviene ver a Cuba como un símbolo porque no les duele, no les afecta y, obviamente, no les interesa. Si a eso le sumas que muchas veces también compran la idea delirante y cobarde de que la disidencia en Cuba existe porque el gobierno de Estados Unidos la alienta, entonces ya el desamparo es total.

Defender de manera tan acrítica una revolución devenida régimen carcelario, es un acto cuando menos de egoísmo. Justificar esa defensa con que el capitalismo es peor, es un acto de hipocresía.

¿Qué podemos hacer por el pueblo cubano desde España?

Intentar leer la realidad cubana con todo el rigor posible.

Es importante comparar fuentes y argumentos, ser concienzudo, valorar todos los puntos de vista.

No se puede leer la realidad cubana como si se tratara de una nación normal porque no lo es. El socialismo en Cuba no es solo la promesa de un sistema social más justo; es una promesa que además arrastra una cadena de hechos lamentables. En nombre de ese futuro ideal, se destruyeron tradiciones, instituciones, familias y amistades sin remedio. La revolución cubana sepultó lo que Cuba era con tal de perfilar una Cuba mejor que nunca logró. Hoy no tenemos ese país soñado y la revolución castiga a quien señale los errores o proponga soluciones.

Lo que pueden hacer los españoles es mirar a Cuba con el corazón; tener en cuenta lo que el poder dice pero también lo que dice su gente, recordar que vivieron sin democracia hace no tantos años.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.