Artes visuales y exposiciones

Cuentos de hadas

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 28 de julio de 2021
Märchen © 2021 by Kettler Verlag Märchen © 2021 by Kettler Verlag
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Philipp Fröhlich hace tiempo que ha dejado de creer en los cuentos de hadas, aunque es demasiado joven todavía como para evocarlos con la nostalgia que lo hacen las personas de mayor edad. Pero esas leyendas, basadas en hechos reales mitificados por los hermanos Grimm, Charles Perrault o Georg Büchner le han servido como inspiración para sus cuadros. De esas entrañables historias aísla e interpreta escenas que siguen siendo claramente reconocibles en sus lienzos.

Philipp Fröhlich. © 2021 by Esther Fernández Garcia.Philipp Fröhlich. © 2021 by Esther Fernández Garcia.

Una exposición titulada Märchen (Cuentos de hadas) que tiene lugar, desde el 30 de mayo al 1 de agosto de 2021 en la Kunsthalle Barmen (un distrito de la ciudad de Wuppertal) muestra los más recientes trabajos de Fröhlich, quien vivió y pintó en Madrid entre 2002 y 2016. Varias de sus obras pertenecen actualmente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, al Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León , al Museo Patio Herreriano de Valladolid, y al Centro de Dos de Mayo de Móstoles, así como a algunos famosos coleccionistas privados españoles.

El catálogo de la muestra, publicado por la editorial Kettler, de Bönen/Westfalia, reúne imágenes de los cuadros, así como textos de los cuentos de hadas (Caperucita roja, La bella durmiente del bosque, Hänsel y Gretel, El lobo y los siete cabritos, El flautista de Hamelin...), y una monografía del historiador de arte Martin Germann, conservador del Museo de Arte Moderno de Gante (Bélgica).

Adiós a los cuentos de hadas

Philipp Fröhlich, «Mi pájaro», 2017. © by Philipp Fröhlich.Philipp Fröhlich, «Mi pájaro», 2017. © by Philipp Fröhlich.

Sí. Fröhlich es muy conocido en España. Las galerías más prestigiosas de Madrid venden sus cuadros (fue representado por Soledad Lorenzo hasta 2012; ahora lo es por Juana de Aizpuru). En los primeros años de su estancia en España, cuando el dinero del auge inmobiliario circulaba a manos llenas en el país, sus cuadros de gran formato fueron a parar a dichos museos y coleccionistas privados a precios elevados.

Fröhlich, de 45 años, vive desde hace seis años en Bruselas y ha estado siempre presente en la mayor feria de arte de Europa, Art Basel (Basilea/Suiza). Pero, entretanto, ha sobrevenido la pandemia (ya en su cuarta ola gracias a las mutaciones delta), el negocio del arte quedó paralizado, y desde entonces ha vendido muy poco. En un breve intercambio por escrito y via correo electrónico con www.mundoclasico.com, acerca de su actual fase artística, Fröhlich declara que

En estos últimos cuatro años he estado pintando casi exclusivamente cuadros relacionados con el tema de los cuentos. Ahora que creo que se ha acabado este tema para mí, estoy pintando imágenes que se han acumulado en mi cabeza en estos últimos años. Curiosamente, ahora que ya hay un cierto número terminado en el estudio, me doy cuenta de que son casi todos cuadros en los que aparecen animales como protagonistas. Supongo que sea todavía un efecto secundario de este tema anterior de los cuentos, ya que ahí también aparecen a menudo animales de muchas maneras. Es algo que no estaba tan meditado, pero tengo mucha curiosidad de ver cómo se desarrolla.

Lo real e irreal

Fröhlich prepara sus cuadros construyendo modelos reales, un enfoque que se inspira en su formación como escenógrafo en la célebre Kunstakademie Düsseldorf con Karl Kneidl, a quien asistió asimismo en varias de sus producciones teatrales y operísticas en Düsseldorf, Hamburgo y Stuttgart.

Philipp Fröhlich, «El flautista de Hamelin – los niños I», 2018. © by Philipp Fröhlich.Philipp Fröhlich, «El flautista de Hamelin – los niños I», 2018. © by Philipp Fröhlich.

El modelo también es relevante para Fröhlich, porque a diferencia de los cuentos de hadas ficticios que suspenden todas las certezas mundanas-racionales, se sitúa en el espacio real, junto con sus simples certidumbres físicas como la proyección de la sombras o la gravitación. De forma análoga al espectro extremo de la subjetividad y la objetividad, también sugiere aquí una enorme gama: la realidad banal del modelo frente a las posibilidades casi ilimitadas de su modulación en la imagen pictórica.

El tiempo, la cuarta dimensión

Philipp Fröhlich, «Los siete cuervos – la luna», 2019. © by Philipp Fröhlich.Philipp Fröhlich, «Los siete cuervos – la luna», 2019. © by Philipp Fröhlich.

Y aquí hay que añadir otro parámetro, el del tiempo representado, o más bien el del tiempo narrativo seleccionado en cada caso: Fröhlich no pretende en absoluto representar los cuentos en su totalidad. Más bien, se ocupa de ciertos momentos dentro de las historias que le resultan especialmente atractivos, cuya oferta narrativa maximiza al tiempo que subjetiviza en un obsesivo agotamiento pictórico. Aquí llama la atención lo mucho que las imágenes encierran al espectador: cuanto más tiempo se miren, más se notará cómo el espacio narrativo se apodera del espacio real.

Por un lado, esto se debe a la perspectiva, que siempre sugiere una cierta distancia con respecto a la acción, pero que, sin embargo, es demasiado cercana o demasiado voyerista para poder escapar completamente a la participación. A menudo hay obstáculos en el centro del cuadro que hacen que la perspectiva parezca aleatoria y sugieren una especie de "arrojo" del artista como testigo del acontecimiento respectivo.

Lo hipnótico, borroso y desenfocado

Philipp Fröhlich, «Hänsel, ¡saca un dedito para que pueda comprobar que estás engordando!», 2018. © by Philipp Fröhlich.Philipp Fröhlich, «Hänsel, ¡saca un dedito para que pueda comprobar que estás engordando!», 2018. © by Philipp Fröhlich.

Es de este proceso que se deriva la atmósfera hipnótica de sus cuadros, más propia del lenguaje cinematográfico o de la realidad virtual que de la antigua disciplina de la pintura. También la fusión de planos, la concurrencia entre el detallismo y la perspectiva, el veleidoso juego entre lo difuminado y la precisión que guía la mirada del espectador, son elementos pictóricos que se originan en el mundo del teatro. De este modo, siguiendo la narración del cuento, el artista nos muestra un universo inquietante y obsesivo en el que la tangibilidad de la realidad que vemos es puesta en cuestión por la inestabilidad de la imagen.

Philipp Fröhlich, «Falada, da du hangest». © by Philipp Fröhlich.Philipp Fröhlich, «Falada, da du hangest». © by Philipp Fröhlich.

Para ello, Fröhlich también hace uso del repertorio creativo de la fotografía basada en la lente-objetivo, ya que la profundidad de campo con la que se acentúan los acontecimientos cambia constantemente a través del espacio pictórico de las escenas: El centro y la periferia de los respectivos momentos narrativos entran en relaciones inusuales, pero al mismo tiempo claras, de modo que las jerarquías de la narración dada en los cuadros de Fröhlich pueden seguir sus ideas. El paso de la nitidez al desenfoque, que a menudo se produce varias veces dentro de un espacio pictórico, también crea zonas más abstractas y más figurativas en los cuadros.

La ilusión escénica y la luz

El teatro y la ópera, la literatura y la música siempre han desempeñado un papel importante en la pintura de Philipp Fröhlich. Ese es el caso con una serie anterior de obras que incluía el cuadro Landschaft (Paisaje, 2014), hoy en la colección del Museo Von der Heydt, de Wuppertal, influenciado, por ejemplo, por la novela de ciencia-ficción Riddley Walker (1980) de Russel Hoban.

Por último, llama la atención la ligera dramaturgia de las imágenes: a menudo la escena es un bosque en horas nocturnas. Las fuentes de luz existentes, como el fuego, la luz de la luna y las estrellas, se enfatizan en exceso, al igual que su importancia histórica, ya que los cuentos de hadas proceden de una época en la que no existía la luz eléctrica. Sin embargo, los trajes de los protagonistas no evocan la nostalgia, ya que su vestimenta está banalmente situada en el presente.

La luz del día que ocasionalmente penetra en el escenario tiene un efecto chillón, casi artificial, que acentúa el carácter ficticio de los cuentos de hadas. Así, también aquí las imágenes oscilan constantemente entre lo reconocible y el distanciamiento, entre la profundidad espacial y la superficie sellada. Para el acabado pictórico de cada cuadro, Fröhlich trabaja con otro elemento procedente del teatro: los filtros de luz diurna, habitualmente utilizados en el escenario, vuelven a transformar toda la luz utilizada en el estudio, lo que a menudo confiere a los cuadros un carácter controvertido.

La botánica

En el contexto de su interés por las plantas y los árboles, Fröhlich creó también una serie de cuadros que presentó en Madrid en 2015 bajo el título de HOAP of a Tree. A diferencia de Märchen en aquellos ciclos anteriores no había indicios de posibles modelos literarios discernibles.

El propio Fröhlich explica así la serie de Cuentos de hadas, iniciada en 2017 y que entretanto ha quedado finalizada: 

Se me ocurrieron los cuentos de hadas, porque un día me pregunté si todavía era posible pintar cuadros narrativos. Para mí era muy importante encontrar un tema que fuera ampliamente conocido, algo que ya no puede darse por sentado con los motivos clásicos de la Biblia o de la mitología antigua.

El empeño

La tentativa de Fröhlich tiene un elemento casi absurdo; esto es, someter el género de los cuentos de hadas, un campo casi desbordante de interpretaciones y siempre sospechoso de ser trivial, a una nueva interpretación. Pero es precisamente de este absurdo de donde se extrae la fuerza del planteamiento, ya que de paso hace uso del canon de representación no solo de la pintura y la fotografía, sino también del teatro, para crear en última instancia imágenes opacas: cada imagen tiene profundidad y fidelidad al detalle, pero en cierto modo también permanece impenetrable. A pesar de su giro hacia el auditorio, las imágenes permanecen dentro de sí mismas y de su propia lógica.

Al navegar por las profundidades de estos mitos premodernistas, pero canonizados en el modernismo, una forma contemporánea de reinterpretar los depósitos arcaicos de imágenes - que a menudo se han pasado por alto debido a su supuesta trivialidad - Fröhlich utiliza tramas narrativas conocidas a partir de las cuales genera algo nuevo; una novedad que al mismo tiempo se asemeja a una retransformación en la materia prima original.

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