Hace casi quince años vi (y escribí aquí mismo) por
primera vez esta ópera en Boloña. La volví a ver en concierto en Bruselas con
una gran ausente en el rol titular, la Antonacci. Esta es la tercera y la
primera en el, hoy por hoy, lugar más natural para hacerlo, el Rossini Opera
Festival (ROF) que todos los veranos (incluso algo se hizo en el pasado año)
convoca a los apasionados del Maestro, y no sólo.
Nunca he conseguido entrar
del todo en ella porque, además, creo que nunca la he visto interpretada de
forma totalmente intachable y así algunas cosas pueden cambiar. Pero esta
versión con final feliz de los amores infortunados de la llamada Reina Virgen,
desde mi punto de vista, cede claramente en lo dramático ante la versión más
‘histórica’ (y trágica) de Donizetti. Hay, por supuesto, momentos memorables
junto a ‘autopréstamos’ un tanto…
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