No hay lugar común sin un fondo de verdad, ni norma sin excepción. Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que la falta de originalidad y la pesada rutina que domina la programación de la mayoría de los conciertos es lugar común en las conversaciones de los melómanos y norma tediosamente real en la vida musical europea. Por ello, cualquier intérprete que se salga de estos cauces establecidos debería, de antemano, beneficiarse de la curiosidad amable del público. Éste ha sido, con justicia, el caso de la mezzosoprano Magdalena Kozená, quien, en el marco del Festival de Ópera de Múnich, ha debutado en la Ópera de Baviera con un recital de programa algo heterodoxo. Como todos los debuts de una intérprete joven y prometedora en una casa de tan alto prestigio, la velada tuvo un no sé qué de examen.Kozená no es una desconocida en Múnich,…
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