Las últimas direcciones de la
Scala parecen estar por la labor (como lo demuestran sus lugares de
trabajo anteriores) de mantener algunas ‘vetustas’ puestas en
escena, cosa que escandaliza a algunos/muchos/varios (táchese lo que
no proceda), pero: a) significa un notable ahorro de dinero; b) se
trata por lo general de títulos de repertorio y de espectáculos que
pueden ser tachados de ‘tradicionales’ (en su momento no lo
fueron, pero contaban por lo general con el beneplácito del público,
que los sigue aplaudiendo), pero no de ‘vejestorios’.
Probablemente sí sean dignos del museo, pero ¿qué museo mejor que
un teatro de ópera que los muestre en acción (con, a veces, algunas
modificaciones no demasiado afortunadas)?. Por seguir, ¿qué tiene
de malo un museo? Sobre todo si los teatros líricos se nutren, les
guste o no, de un repertorio que…
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