Alemania

Las tres canciones de cuna de mi dolor

Juan Carlos Tellechea
jueves, 7 de octubre de 2021
Krystian Zimerman © by Klavier-Festival Ruhr Krystian Zimerman © by Klavier-Festival Ruhr
Wuppertal, lunes, 27 de septiembre de 2021. Historische Stadhalle. Krystian Zimmer (piano), galardonado con el Premio del Klavier-Festival Ruhr 2014. Johannes Brahms, Drei Intermezzi op 117, Sonata nº 2 en fa sostenido menor op 2. Frédéric Chopin, Sonata nº 3 en si menor op 58. Bis: Johann Sebastian Bach, Sinfonia, Rondeau y Capriccio de la Partita nº 2 en do menor, BWV 826. Klavier-Festival Ruhr 2021. Aforo 50%, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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Krystian Zimerman se parece un poco al mismísimo Johannes Brahms cuando el  elegante caballero de pelo blanco y frac, con los brazos extendidos y la cabeza inclinada hacia atrás, se sienta al piano, el suyo propio, un Steinway que le acompaña a todos los conciertos. Con los Drei Intermezzi (1892) de Brahms comienza Zimerman precisamente la velada de este lunes en el Klavier-Festival Ruhr; las tres canciones de cuna de mi dolor, como el mismo compositor los llamaba.

En su estilo casi impresionista, las miniaturas están impregnadas de una profunda seriedad y dan testimonio de la soledad del compositor en su creciente vejez. Los Intermezzi -esa digresión, absorción y melancolía perfilada del anciano- fueron escritos cinco años antes de la muerte de Brahms. Aquí, los núcleos motivacionales no se desarrollan tanto como se pierden y se disipan en    las resonancias y repeticiones. 

Son estructuras bidimensionales, donde muchos pianistas ven la esencia de este mundo sonoro en su estática de suave movimiento; el fondo y el trasfondo como acción principal de una atmósfera fascinante y apagada. Zimerman tiene preparada una lectura claramente diferente, suave y tierna en el nº 1 en mi bemol mayor, Andante moderato; igual de exquisita en el nº 2 en si bemol menor, Andante non troppo e con moto espressione; y con la misma tónica y delicadeza  en el nº 3 en do sostenido menor, Andante con moto. Partiendo del núcleo de los motivos, sigue su rastro en la disección de los accesorios pianísticos, haciéndolos dinámicamente fuertes, de modo que el sonido suavemente disuelto se convierte en una corriente sonora turbulenta. Los tempos muy rápidos contribuyen en gran medida a la plausibilidad de este enfoque.

Luego, Zimmerman hechiza al público comenzando con el empuje juvenil de la 2ª  Sonata para piano en fa sostenido menor op 2 (1853) dedicada a Clara Schumann, con la que Brahms conquistara el corazón de la pareja de compositores. Es una obra tormentosa, urgente, pero sobre todo poéticamente soñadora en la que nos sitúa de inmediato el concertista. El temperamento impetuoso del primer movimiento (Allegro non troppo ma energico), en el que el tema avanza inexorablemente, el colorido equilibrio en el lírico segundo movimiento (Andante con espressione), y el ritmo enérgico del tercero (Scherzo. Allegro – Trio. Poco più moderato) parecen inmensamente juveniles y auténticos. Por último, en el magnífico cuarto movimiento (Finale: Introduzione. Sostenuto – Allegro non troppo e rubato), que fluye con moderación al principio, antes de volver a la carga en una explosiva lluvia de lava y una cascada de fuego, uno quisiera disfrutar continuadamente de este ensueño.

Frédéric Chopin compuso la Sonata nº 3 en si menor (1844) durante su último periodo creativo. La atmósfera es bastante diferente a la de la llamada Sonata "Funeral" nº 2, pero es igual de innovadora, no tanto en su estructura de cuatro movimientos como en su mezcla de ritmos cambiantes y profusión temática. A menudo no se aleja del ambiente de los Nocturnos o las Baladas del maestro. 

Así lo entiende Krystian Zimerman, quien pone en evidencia que no hay virtuosismo superfluo. Así, el Allegro maestoso, acertadamente contenido, muestra su diversidad emocional. El segundo tema, en particular, evoca una visión nocturna a través de un canto casi melancólico que se desarrolla con trazos apasionados. A partir de un desarrollo muy complejo, surge una improvisación en el transcurso de sus diferentes frases. El Scherzo. Molto vivace se revela caprichoso en su progresión casi despreocupada. Es en su parte central, más meditativa como una canción de cuna, donde el sutil arte del contrapunto puede hacer recordar a Johann Sebastian Bach

El Largo es de una belleza inquietante: sus solemnes acordes de apertura introducen una especie de romanticismo recordado, tal vez parecido a un aria. El carácter elegíaco va acompañado de un fuerte patrón rítmico. El Finale. Presto ma non tanto está marcado por un pulso vivo que, una vez más, no busca sacrificarse de una manera demostrativa. Si la energía no es superada, queda subyugada por la visión del pianista de una perfecta coherencia y una profunda musicalidad.

A esta altura del concierto las estruendosas ovaciones y exclamaciones de ¡bravo, bravo, bravo!, hacían estremecer literalmente a la preciosa sala del ayuntamiento histórico de Wuppertal. Zimerman, quien sabe liberarse del camino fácil para construir un recital y hacer pensar a sus oyentes, nos obsequia en los bises a Bach en un singular enfrentamiento con Chopin: la Segunda Partita en do menor BWV 826. 

La interpretación se abre con una Sinfonía, que es a su vez tripartita, y presenta las tres primeras danzas de la suite francesa, a saber, Allemande, Courante y Sarabande. Pero el modelo se detiene ahí, ya que en lugar de la Giga vienen dos piezas originales: un animado Rondeau y un Capriccio, que siguen esta lógica, demostrando el eclecticismo y la fantasía del músico. Ovaciones de pie durante largos y largos minutos cierran este hermoso y memorable concierto de Krystian Zimerman, por décima primera vez en el Klavier-Festival Ruhr. 

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