Krystian Zimerman se parece un poco al mismísimo Johannes Brahms cuando el elegante caballero de pelo blanco y frac, con los brazos extendidos y la cabeza inclinada hacia atrás, se sienta al piano, el suyo propio, un Steinway que le acompaña a todos los conciertos. Con los Drei Intermezzi (1892) de Brahms comienza Zimerman precisamente la velada de este lunes en el Klavier-Festival Ruhr; las tres canciones de cuna de mi dolor, como el mismo compositor los llamaba.
En su estilo casi impresionista, las miniaturas están impregnadas de una profunda seriedad y dan testimonio de la soledad del compositor en su creciente vejez. Los Intermezzi -esa digresión, absorción y melancolía perfilada del anciano- fueron escritos cinco años antes de la muerte de Brahms. Aquí, los núcleos motivacionales no se desarrollan tanto como se pierden y se disipan…
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