De los tres títulos cómicos de Rossini preparados
por la Scala para este final de temporada, éste, el más conocido, fue el mejor
realizado, el que tuvo más público, el que en la última función tenía
localidades agotadas y en la que vi yo casi lo mismo porque fue la primera
(¡por fin!) sin limitaciones de aforo. En realidad no vi sólo la penúltima
porque luego de verla quise volver para confirmar algunas impresiones.
Por ejemplo: la nueva puesta en escena no es para echar
cohetes, pero no se convierte en obstáculo. Se podrían ahorrar en la mayor
parte de las arias los bailarines (hombres vestidos con tutú femenino y pecho descubierto)
porque con la actuación de los cantantes teníamos suficiente (y en particular
en ‘la calunnia’ de Don Basilio resultan confusos), pero no cuando los dirige
Berta, menos madura que en otras ocasiones, a mitad…
Comentarios