Aunque el arte italiano nos ha
dado, históricamente, rotundos ejemplos de sensualidad y exuberancia, cierto es
que a lo largo del siglo XX también ha sido pródigo en verdaderos poetas del
ascetismo, de la mínima pulsión que habita en los abismos de la interioridad,
ya sea en la pintura de Lucio Fontana, en el cinematógrafo de Michelangelo
Antonioni, en la escultura de Alberto Giacometti, o en la música del compositor
que en esta reseña nos visita, Giacinto Scelsi (Pitelli, 1905 - Roma, 1998).
De entre la vasta producción scelsiana,
nos centramos hoy en esas delgadas líneas que traza su música para violín, tan
rugosas y concentradas como las propias formas giacomettianas, y que tendrían
frutos tan ejemplares como Xnoybis (1964), una partitura para violín
solo que ya conocimos en su versión discográfica hace siete años, en mayo de
2014, por…
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