La ópera no es sólo ópera. En la ópera cabe casi todo: desde modelitos exclusivos de Milán y París hasta el teatro chino de Manolita Chen, pasando por un ministro de Hacienda en smoking, un director de teatro en camiseta y la música de Chaicovsqui cantada por unas cuantas voces sublimes que sirven de coartada. En esta reseña, si se le puede dar tal nombre, no hablaremos tanto de música como de ciertas vanidades que forman parte de la lírica en no menor medida que las coloraturas y los portamentos. A fin de cuentas, es verano y es de esperar que cuando estas líneas lleguen a internet haga calor y brille el sol. Así pues ¿por qué no refrescarnos con unas cuantas frivolidades?Esta historia empezó hace más de un año (o quizá más de dos, no lo recuerdo...), cuando se anunció para el viernes 26 de julio del 2002 una función de La reina de…
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