El modelo de Dmitri Shostakovich es, claro está, Johann Sebastian Bach, y abre en do mayor, al igual que el Clave bien temperado, la tonalidad de su imponente colección de 24 Preludios y fugas op 87, interpretada con gran entrega y calidez por Igor Levit en el recital de Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf este miércoles en el gran auditorio de la Tonhalle.
Muchos compositores han seguido este ejemplo y han buscado una confrontación existencial con el teclado en todos sus tonos y variedades. Pero probablemente ninguno fue tan consecuente en esto como Shostakovich, quien en 1950/51 desarrolló este ciclo en el que plasma todas las formas de expresión, desde el humor y el absurdo hasta la melancolía, la desesperación y la violencia. A diferencia de Bach, en cuya obra todo es movimiento fluido, Shostakovich encadena en su ciclo…
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