Hacía tiempo que no volvía a la Ópera de Roma, con ese
‘Benito Mussolini Duce’ que nunca han borrado y que corre el riesgo de volver a
estar de moda. Pero la sala es bonita y con buena acústica y en esa función
vespertina estaba repleta, lo que es bueno. También muy cálida con todos los
intérpretes.
No sé cómo fue recibido el nuevo montaje, pero la verdad
es que esta puesta en escena, más bien lóbrega, que en muchos momentos se da de
bofetadas con el libreto (imposible, es cierto) como cuando a Elvira su padre
la manda a ponerse su vestido de boda que ya lleva puesto y que tanto ‘juego’
tiene en el primer acto de esta producción, con lo que de paso destruye el
pretexto para dejar solos al prometido y la reina depuesta y enmascarada, no
ofrece mucho más que ceguera de Elvira que, cual nuevo Edipo, se arranca los
ojos (profusión de sangre)…
Comentarios