Alemania

Midori y solo Beethoven

Juan Carlos Tellechea
martes, 17 de mayo de 2022
Midori © 2022 by Timothy Greenfield-Sanders Midori © 2022 by Timothy Greenfield-Sanders
Essen, domingo, 1 de mayo de 2022. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Midori (violín). Festival Strings Lucerne. Director y violín Daniel Dodds.“Beethoven Festkonzert“. Ludwig van Beethoven, Concierto para violín y orquesta en re mayor op 61, Romance para violín y orquesta nº 1 en sol mayor op 40, Romance para violín y orquesta nº 2 en fa mayor op 50, Sinfonía nº 4 en si bemol mayor op 60. 80% del aforo, bajo medidas de prevención e higiene contra la pandemia.
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Con Midori, aclamada este domingo por el público, espontáneamente de pie, en el gran auditorio de la Philharmonie Essen, el Concierto para violín en re mayor de Beethoven, se tradujo en gracia y elegancia. Con su cabellera recogida por un discreto lazo amarillo y azul, los colores de la bandera de Ucrania, la artista mostró en todo momento un gesto de ofrecimiento y bienvenida, reflejando el estado de ánimo de su actuación.

La presente gira europea de la violinista junto con la Festival Strings Lucerne, en homenaje al 250º aniversario del genial compositor alemán, esperaba desde hacía dos años, tras el CD grabado en marzo de 2020, justo antes de los estragos que causara la pandemia en los círculos artísticos de todo el orbe.

Nacida en Osaka (1971), Midori Gotō pudo estudiar en Estados Unidos a los nueve años gracias a una beca. Su madre, también violinista, se dio cuenta, incluso antes de que caminara, de que su hija tenía oído musical. Cuando la niña cumplió tres años, le regaló un violín y comenzó a darle lecciones. Midori hizo su debut a la edad de seis años en su ciudad natal.

Durante su formación en la Juilliard School, debutó a los once años interpretando el Concierto nº 1 de Paganini con la Filarmónica de Nueva York dirigida por Zubin Mehta. A continuación, perfeccionó sus habilidades, especialmente con Pinchas Zukerman.

Su carrera se desarrolló rápidamente en todo el orbe, tras licenciarse en 1990 y ser galardonada en múltiples oportunidades; lo que sigue ocurriendo hasta hoy. Al mismo tiempo, se ha dedicado y sigue dedicándose a la filantropía, creando fundaciones para ayudar a los niños de todo el mundo a aprender música, así como también a la enseñanza en su instituto Midori & Friends.

Midori vive habitualmente en Filadelfia, donde ocupa la cátedra Dorothy Richard Starling de estudios de violín en el Instituto de Música Curtis; un compromiso que podría reducir fácilmente la capacidad de cualquier músico para actuar con regularidad. Pero también podría hacerlo la grabación, la tutoría de orquestas juveniles, la enseñanza a estudiantes en el extranjero (también refugiados) y una agenda repleta de conciertos presenciales y virtuales. Sobre el escenario y fuera de él, aprovecha al máximo cada momento.

La labor humanitaria y pedagógica de esta visionaria artista, crea vínculos entre la música y la experiencia humana. Midori los explora más allá de los límites establecidos, convirtiéndose así, con su fuerte carácter, en una de las violinistas más destacadas de nuestros días.

Hace tiempo que la violinista toca un Guarneri del Gesù de 1734, que fuera el instrumento de Bronislaw Huberman (1882-1947), y que posee un bellísimo y luminoso sonido. Nacionalizada estadounidense, la violinista tiene una discografía que incluye tanto las sonatas de Bach como los grandes conciertos del repertorio; verbigracia, de Beethoven.

Midori nos entregó en esta velada una preciosa interpretación de Beethoven: sutil, delicada y noble. La pureza del sonido y el cantabile que despliega con tanta dignidad cautivan de inmediato al público. Su toque se caracteriza por una pureza y diafanidad asombrosas. El Allegro ma non troppo inicial es de una gran claridad, tanto por su lirismo como por su sentido del matiz y la exquisitez de su enfoque. El movimiento canta desde el principio; su introducción orquestal tiene una textura delgada y siempre demuestra una fuerte sensación de impulso.

Los solos de Midori están elaborados con una seductora naturalidad -levitando en el registro superior, con fuerza en el inferior- y son rapsódicos en todo momento. Todo habla: los contrastes dinámicos están fuertemente plasmados, las líneas líricas de la partitura y los gestos rítmicos bellamente emparejados entre la solista y el conjunto; la cadencia culminante arde. A propósito, cabe acotar que Midori ha elegido las cadencias de Fritz Kreisler, como hizo en su momento David Oïstraj en su versión con André Cluytens.

La artista sigue confirmando esa gracia elegante que la destaca desde su más tierna juventud. Es difícil resistirse a este clima que revela un verdadero clasicismo y una armoniosa transparencia. El Larghetto contiene la poesía que reclama en su atmósfera romántica; la limpidez tan bien expresada adquiere aquí un verdadero colorido emocional. Los tempos quedan resueltos y el dulce tono de Midori son los protagonistas.

La alegría y agilidad del Rondo final se expresa con una solemnidad expresiva en la que la modestia y la interiorización no impiden que el virtuosismo se cumpla con calidez. La ejecución de la línea solista es conmovedora. Una versión bella y refinada, muy bien en sintonía con la interpretación de la Festival Strings Lucerne dirigida por Daniel Dodds, también violinista y director artístico de este conjunto desde 2012, del que es su Konzertmeister. La orquesta, con sus texturas, así como con claridad de sus solos y dúos, ofrece a la solista un acompañamiento indispensable.

El complemento del programa fue juicioso y acorde con este Beethoven-Festkonzert de la Philharmonie Essen: los dos Romances, publicados en Viena en 1802 y 1803, prolongaron la impresión general de la interpretación de Midori; esto es, la de una sosegada obviedad, por su incesante diálogo con la orquesta, con lirismo y júbilo. Los espectadores quedaron encantados con la presentación de esta sensible artista, cuyo nombre de pila, significa algo así como "bella naturaleza" o “verdor natural“ en japonés (Midori no hi, el tradicional “día del verdor“, se celebra anualmente el 4 de mayo en Japón).

La orquesta Festival Strings Lucerne, concluyó el magnífico programa con la Sinfonía nº 4 en si bemol mayor de Beethoven, interpretada con vívida energía en el Adagio. Allegro vivace; de forma cautivantemente circunspecta en el Adagio; sabrosa y rebosante en el Allegro vivace; y con gran entrega y consagración de todos los músicos en el Allegro ma non troppo.

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