Una inoportuna enfermedad, cuando ya habían comenzado los ensayos, impidió a Lorenzo Viotti dirigir este concierto como estaba previsto, por lo que Jukka-Pekka Saraste lo substituyó a último momento. El programa previsto pudo mantenerse sin cambios, lo que fue una gran fortuna, ya que las obras seleccionadas forman un conjunto excepcionalmente coherente y rico en contrastes.
No abundan, por desgracia, los conciertos tan bien pensados, con un hilo conductor tan claro y unitario, en el que todas las piezas están relacionadas entre sí al tiempo que muestran una variedad estilística y conceptual en la que se reflejan los muy distintos caminos seguidos por tres compositores estrictamente contemporáneos (Debussy, Rachmaninov y Scriabin) cuyas obras son inconcebibles sin el punto de partida común de un antecesor inevitable: Wagner. Sin el…
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