Es inevitable preguntarse por qué se incluyó en este concierto, cuyas dos obras principales son de dimensiones muy considerables, una pieza como Batteria de Sauli Zinovjev, que en todos los sentidos resulta superflua y que alarga innecesariamente la función. Se trata de una obra para gran orquesta, ampliada hasta el exceso en la percusión. No ofende, pero tampoco dice gran cosa, a veces aburre con sus reiteraciones y, sobre todo, carece de un verdadero discurso musical. Sería una rutinaria pero eficiente banda sonora (con evidentes ecos de John Williams y Stravinsky y una pizca de Prokofiev), pero sin suficiente entidad para llegar a ser una pieza de concierto.
De muy diferente fuste es el concierto de Shostakovich. No es fácil hallar en la literatura para violín una obra de dimensiones, dificultad y complejidad comparables. Lisa…
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