Alemania

Evgeny Kissin en el Klavier-Festival Ruhr

Juan Carlos Tellechea
viernes, 8 de julio de 2022
Evgeny Kissin © 2022 by Christian Palm Evgeny Kissin © 2022 by Christian Palm
Essen, viernes, 1 de julio de 2022. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Klavier-Festival Ruhr. Johann Sebastian Bach, Tocata y fuga en re menor BWV 565 (transcripción para piano Carl Tausig). Wolfgang Amadé Mozart, Adagio en si menor KV 540. Ludwig van Beethoven, Sonata nº 31 en la bemol mayor op 110. Frédéric Chopin, Mazurca en si bemol mayor op 7/1, Mazurca en sol menor op 24/1, Mazurca en do mayor op 24/2, Mazurca en do menor op 30/1, Mazurca en si menor op 30/2, Mazurca en do mayor op 33/3, Mazurca en si menor op 33/4, Andante spianato et Grande Polonaise en mi bemol mayor op 22. Bises: J. S. Bach / F. Busoni: “Nun komm der Heiden Heiland“ (Ven ahora, Salvador de los gentiles), W. A. Mozart: Rondo en re mayor KV 485, F. Chopin: Polonesa en la bemol mayor op 53 "Héroique“, F. Chopin: Vals en fa menor op 70/2. Organizador Klavier-Festival Ruhr. 100% del aforo
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El extraordinario pianista Evgeny Kissin hubiera podido permanecer tres horas más en el concierto de esta tarde en el Klavier-Festival Ruhr. El público se resistía a abandonar la gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen, y con razón. Los atronadores aplausos y ovaciones fueron incontenibles al término de la segunda y última parte del recital dedicada íntegramente a Frédéric Chopin, un compositor que venera y entre cuyos mayores intérpretes se cuenta. En los bises se sucedieron, una tras otra y con singular brillo, joyas pianísticas, a cual de ellas más maravillosa, de Johann Sebastian Bach-Ferruccio Busoni, Wolfgang Amadé Mozart y de nuevo Chopin.

Originalmente estaba prevista aquí la presentación de Kissin y de Sir András Schiff en esta fecha, pero por enfermedad de éste último (coronavirus), el pianista ruso accedió a ofrecer un concierto en solitario, con la misma programación del recital que tuvo lugar el pasado 27 de junio en este festival y en la hermosa sala del ayuntamiento histórico de Wuppertal. Durante su actual gira europea, Kissin ha intervenido en varios conciertos benéficos para ayudar a los refugiados de la atroz guerra perpetrada por Rusia en Ucrania.

La primera mitad del programa de Kissin fue consagrada al triunvirato de los grandes maestros -Bach, Mozart y Beethoven- cuyas obras interpretó con gran virtuosismo Pero fue la segunda mitad del programa, dedicada íntegramente a Chopin, y que incluía una serie de siete mazurcas seguidas del brillante Andante spianato et Grande Polonaise, que mantuvo al público claramente fascinado.

Además, dos de las cuatro piezas que Kissin interpretó como bises eran también de Chopin: la Polonesa en la bemol mayor op 53 "Héroique“, y el Vals en fa menor op 70/2, que capturaron la época del compositor polaco en su momento más irresistible.

Primero los "viejos maestros". Kissin comenzó el concierto con la Tocata y fuga en re menor de Bach-Busoni, una pieza que tiene una apertura febril, de alta velocidad, casi percusiva, antes de ceder a pasajes más delicados. Y hubo muchos otros cambios de ataque a lo largo de la obra, que pasó de los riffs tranquilos a la inmensa contundencia y el virtuosismo atronador.

El Adagio en si menor (1788) de Mozart, con un sentimiento más íntimo, tuvo la más serena y delicada de las aperturas. El compositor continuaba aquí la tendencia a aumentar las obras en clave menor en los últimos años de su vida. Hay mucho dolor y una sensación de soledad en la pieza que atrapa de inmediato al oyente. Solo al final se resuelve un poco esta desesperanza con una desviación transfiguradora a si mayor.

En segundo término llegó la Sonata nº 31 en la bemol mayor de Beethoven, otra obra inundada de un sentimiento de melancolía y lucha interior, pero con una dinámica mucho más dramática y una resaca febril. Kissin hizo suyo maravillosamente el sentido de los monólogos recónditos del compositor con su combinación de exuberancia, delicadeza y fuego, y evocó vívidamente los peculiares e imponentes cambios de humor tan característicos del genio de Bonn.

Pasemos ahora a Chopin que seguramente trae a muchos amantes de la música ya entrados en algunos añitos vívidos recuerdos de juventud. La mazurca, que tiene sus raíces en una forma musical polaca basada en danzas folclóricas escritas en triple métrica (tres tiempos por compás), se hizo popular en los salones de baile de los siglos XVIII y XIX, y Chopin, quien compuso 57 de ellas, fue indiscutiblemente el maestro de la forma, explorándola y ampliándola con brillantez.

Kissin aprovechó al máximo su variedad, comenzando con la Mazurca en si bemol mayor, que voló "a trompicones" (dijera William Shakespeare) fuera del teclado con su coquetería y sus pausas burlonas. A continuación, la Mazurca en sol menor, una obra más lenta y melancólica, pero con ráfagas de exuberancia. La Mazurca en do mayor (op 24/2), más afiligranada que la anterior y con sus ritmos alegres, sugería el caudal de un gran río, mientras que la Mazurca en do Menor era plenamente lírica y romántica, con un brillo clásico aplicado a sus melodías folclóricas.

La Mazurca en si menor se movía rápidamente y aumentaba su intensidad varias veces, mientras que otra Mazurca en do mayor (op 33/3) tenía una gracia desenfadada y una calidad lírica, con un romanticismo delicadamente formal e incluso la sugerencia de una canción de cuna. Y por último, la Mazurka en si menor, que comenzó en un estado de ánimo pensativo y meditativo y con un ritmo tranquilo, antes de estallar repentinamente con un sonido clarificador de alegría y grandeza, para volver finalmente a un tema más recoleto, lento y sensual.

La última obra del programa fue Andante spianato et Grande polonaise, una unión de dos piezas, cada una con un tono diferente, y compuestas con varios años de diferencia a principios de la década de 1830. Comenzó con una belleza de cuento de hadas y un impulso apasionado, adquirió una maravillosa calidad ondulante, se volvió tormentosa por un momento, para cerrarse luego con el toque perfecto de Kissin en una serie de acordes. La irresistible sección de la Gran Polonesa se abrió con una furiosa potencia, y luego se volvió juguetona con una sedosa melodía que hizo que los dedos de Kissin recorrieran el teclado a gran velocidad y crearan grandes remolinos de sonido fluido antes de llegar a un final fastuoso, brillantemente arremolinado y verdaderamente "grandioso".

El maravilloso y generoso segmento de bises del concierto comenzó con el Nun komm, der Heiden Heiland (Ven ahora, Salvador de los gentiles) de Bach-Busoni, basado en un coral luterano. Decididamente diferente del espíritu de Chopin, era a la vez formal y escudriñador; también bastante moderno a su manera, a la vez que sugería música de iglesia tocada en un órgano. Luego volvió a Mozart con la pura delicia de su Rondo en Re Mayor. Y, por último, se produjo un alegre retorno a Chopin, con la salvaje fuerza rítmica, la belleza y la grandeza de su famosa Polonesa en la bemol mayor (“Héroique“), y el sublime Vals en fa menor op 70/2, preferido por muchos admiradores de este gran compositor polaco de influencia excepcional.

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