No diríamos que Thomas Hengelbrock sea precisamente un director wagneriano, pero de todos modos, tratándose de un músico competente, esperábamos poder escuchar una correcta versión de la Obertura de El holandés errante. Ya la primera entrada no acabó de ser todo lo exacta que habría debido. A partir de aquí los desaciertos fueron acumulándose casi sin interrupción.
La orquesta ofreció un sonido borroso, espeso. Los motivos que componen la pieza fueron mal presentados, de manera poco diáfana, formando un discurso musical mal trabado. Por momentos se advirtió un colorido tímbrico algo estridente, como si la Filarmónica de Múnich hubiera perdido la majestuosa oscuridad que le es propia. En el plano expresivo faltaron dramatismo, hondura y una línea conceptual clara. Al acabar la pieza se tiene la sensación de haber oído una versión más bien…
Comentarios