Un
concierto de canto (como se lo llama en italiano) en la Scala, acompañado al
piano por quien sea, no suele llenar más que en muy contadas ocasiones. Si no
hay la posibilidad de que al menos en los bises haya algún aria de ópera, menos
aún. Pero a veces se dan felices casualidades. Esta fue una, con el teatro abarrotado.
El
público italiano perdió gran parte de la carrera de una de las mejores sopranos
de las últimas épocas por la estupidez de algunos aquí mismo en una primera
representación de Lucrezia Borgia. La
Fleming (uso el artículo deliberadamente) volvió una vez con Pappano y ... hasta
ahora (en el medio canceló una Manon
que debía cantar un año después de aquel Donizetti. Ya me dirán quién salió
perdiendo). Ya sé que la memoria es incómoda, pero, como en todo, vale la pena
usarla.
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