Hélène Grimaud lleva ya algunas décadas establecida en el mundo de los recitales de piano. Hace no mucho tiempo estuvo presente incluso en las revistas internacionales de moda como la fotogénica pianista francesa que vive con lobos en Estados Unidos.
La aparición de Grimaud, de 53 años en Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf se caracteriza por la contención y la modestia. Está de vuelta ya de aquellas mamarrachadas de las publicaciones que pretenden dictar cómo deben vestir y maquillarse sus lectoras. Con pasos medidos, casi vacilante, entra en el escenario de la Tonhalle de Düsseldorf. Una breve mirada amistosa, una reverencia implícita al público. A continuación, se acerca al piano con una ternura conmovedora. Cuando se sienta ante el teclado su melena rubia oculta su rostro como un ondulante muro protector.
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