Lejos de sus frustradas patrias, cantantes jóvenes de Armenia, Rusia y Ucrania se encontraron en una de las arcadias de campo inglesas que dan ópera en verano. Esta vez The Grange, el enorme palacio semi-ruinoso en medio de lagos y colinas ofreció en su ex-orangerie transformada en pequeño teatro de ópera una Dama de Picas de buena calidad y contagioso entusiasmo.
La puesta de Paul Curran y Gary McCann actualiza la acción con una cierta intemporalidad de vestuarios más bien en la Belle Époque del siglo XX, con caballeros y damas tan de gala como los espectadores, y un baile de máscaras estilo siglo XVIII. El cuadro escénico es una instalación reminiscente de la orangerie que aloja el teatro, con espacios cambiantes y hábilmente ensamblados en un escenario giratorio.
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