Un siglo después
de su estreno aquí mismo, y a setenta años de la última reposición tras un
comienzo halagüeño que no se mantuvo (como en cambio sí en el Metropolitan de
New York, por ejemplo), volvió lo que se considera la obra mayor del
compositor, un autor al que no sólo su compañero de estudios Tullio Serafin
(que estrenó la obra) sino todo un Arturo Toscanini (que la presentó al público
neoyorquino) apreciaron, aunque el último parece haber quedado sorprendido del
éxito alcanzado en la primera representación.
Sin duda
es necesario revisar a los compañeros de ruta de Puccini, quien sin embargo
tanto se distinguió de ellos y consiguió imponer casi todas sus producciones
frente al olvido en que cayó todo el grupo de la ‘giovane scuola’, a excepción
de algunos títulos (en general, uno por autor) y algún otro con cierta
capacidad de…
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