Siempre con una situación ‘particular’ (dos directores
generales -uno repuesto por un juez, el otro nombrado y no se sabe haciendo
qué- y un director del coro que no acaba de llegar) después de dos siglos y algún
año vuelve a la sala de su estreno (entonces el teatro lírico de mayor
importancia en Italia) el monumental trabajo de Rossini, al que todavía hoy los
teatros se le resisten.
Es cierto, es ‘experimental’: no tiene obertura, los
números solistas son pocos y sobre todo para la diva Colbran, señora Rossini, y
cada acto dura hora y media. Hay proezas como el famoso terzettone del primer
acto (así llamado por el propio autor, que lo ‘despedazaría’ en la versión con
final feliz para Venecia) y abreviaría en la versión para París (Le siège de Corynthe: para todo esto
véase el cap.33 del libro de Richard Osborne, Rossini, The Dent Master…
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