Que Mozart sea el centro de nuestra tarea es algo fácil de comprender. Y también lo es el hecho de que la ópera sea una parte fundamental en nuestra programación. La obra mozartiana es una especie de bálsamo para el aficionado y una estupenda puerta de entrada que permite al neófito adentrarse por los meandros de ese maravilloso mundo que es la música. El genio de Salzburgo se hizo imprescindible en todos los géneros que cultivó, y además lo fue de forma absolutamente generosa. De sus veinte óperas, al menos diez son indiscutibles obras maestras; como lo son sus últimas sinfonías, casi todos sus conciertos para piano, la música religiosa, buena parte de sus sonatas para piano o los diez últimos cuartetos de cuerda. El autor de La flauta mágica no solo fue un genio difícil de igualar, sino que también fue el eslabón natural entre la…
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