De entre las
producciones de Kurt Weill, Los siete pecados capitales (del
pequeño-burgués) tiene una posición particular. Creada en Francia (en el
mismo Théâtre des Champs-Élysées que ahora la vuelve a proponer) donde Weill se
había refugiado huyendo del nazismo, por su libreto y por su estilo está
todavía cercana a su etapa alemana. Pero el género mismo adoptado (ballet
cantado, la subtitulan sus autores) así como su duración (poco más de media
hora) no siempre hacen fácil su presentación como espectáculo.
De suerte que Marc Leroy-Calatayud ha optado por crear
toda una primera parte que complete la velada. Sin embargo, fuera del aspecto
puramente contingente («Hay que hacer algo que justifique el precio de la
entrada, no podemos pedir al público que venga sólo para media hora de
concierto) no acaba sin embargo de quedar clara la…
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