El
último concierto de abono de la Orquesta de Córdoba ha contado con un programa
netamente romántico bastante atractivo (bien que algo escaso) en el que han
destacado dos nombres por méritos propios. De una parte una figura ya
consolidada del violinismo español como es el caso de la excelente Ana María
Valderrama haciéndose cargo de la parte solista del Concierto de Bruch. Y por
otra, un Lucas Macías que, como director invitado, ha puesto de manifiesto una
vez más hasta qué punto estaban cuidadas las batutas visitantes en la
planificación inicial de la temporada cordobesa (y por contra hasta cuánto se
ha llegado a improvisar en las citas que originalmente debiera atender un
director titular del que se había prescindido innecesariamente).
El
siempre admirado Concierto para violín
nº1 de Bruch, fuente de cierta frustración para el…
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