En el repertorio de Rubén Dubrovsky la música
de Mozart ocupa un lugar central. Fue una muy inteligente decisión el que en
este concierto las dos obras de Mozart, la Música
para un funeral masónico y el Concierto para piano n° 24, fueran
tocados sin interrupción. Ambas obras surgen de un mismo molde estético y
conceptual y comparten un mismo carácter.
La paleta de criterios, o simplemente de
preferencias, que se manifiesta en la interpretación de obras de Mozart es
inabarcable: hay versiones para y contra todos los gustos. Todas estas
variantes, sin embargo, pueden encuadrarse entre dos polos: el
“tradicionalista”, que se apoya en una praxis intepretativa desarrollada a lo
largo más de dos siglos y que últimamente ha perdido mucho terreno, y el
“historicista”, que surge y gana cada vez más influencia en los últimos sesenta
años y cuyo fin…
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