Desgraciadamente
Vincenzo Bellini es un compositor que, pese a la excelencia de su relativamente
breve obra, está infrarrepresentado en los teatros de ópera (los de Múnich son
un buen ejemplo de ello), por lo que a este nuevo ciclo de representaciones de La sonámbula se le debe dar una calurosa
bienvenida.
La puesta en escena de Michael Sturminger, estrenada hace ya casi
nueve años, no es ideal, pero sí discreta y bastante fiel al
libreto. Desde luego el grado de acierto es desigual según la escena. La
dirección de actores da lugar a algunos malentendidos. Así, por ejemplo, en su
aria de entrada Rodolfo aparece prácticamente como intentando seducir a Amina,
siendo que en realidad la joven lo conmueve al recordarle a un antiguo e
irrecuperable amor (presuntamente la ya fallecida madre de la muchacha, según parece
insinuarse en el libreto).…
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