Es una gran fortuna que aún hoy sea posible
ver en Múnich la hermosa puesta en escena de La cenicienta realizada hace ya cuarenta y cuatro años por
Jean-Pierre Ponelle. Desgracidamente la dirección de actores ha sido algo adulterada
y ha perdido parte de su encanto y su elegancia, pero los decorados, con
irónicas alusiones a la tradición teatral italiana del barroco, siguen siendo
magníficos.
El reparto de la representación que reseñamos
es también muy satisfactorio. En primer lugar sobresale Isabel Leonard. Esta
mezzosoprano estadounidense posee una voz de gran volumen, oscura,
tímbricamente grata y con una extensión que le permite afrontar con total
comodidad las exigencias de su papel. Su interpretación es sobria, pulcra,
expresiva y muestra unas excelentes agilidades. A ello se suma una seductora
presencia escénica y un saber hacer…
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