En mi crítica anterior sobre este título citaba por
extenso la opinión de Mosco Carner sobre una de las obras más ambiciosas (la
penúltima) del autor, que con el centenario de su muerte está recibiendo más
atención que la usual (a ver si de una vez entra en el gran repertorio y
podemos tener unas reposiciones más equilibradas que una del Tríptico cada cien de Bohème, de las que ni la cuarta parte le
hacen justicia).
Esta vez quisiera proponer la frase del título, que dice
Giorgetta en Il Tabarro, como posible
elemento vinculante de las tres obras: en la primera nadie es feliz, en la
segunda sólo quien se reprime o conforma (y ni siquiera), en la tercera sólo la
pareja joven, que no obtendría nada si no fuera por la picardía o pecado máximo
del protagonista, que jovialmente acepta el castigo (por eso, por más que Sor
Angélica crea que se…
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