Un marco de luz blanca de forma rectangular, en cuyo interior se ve un suelo de parquet y un espacio oscuro e indefinido poblado por unos cuantos muebles clásicos y severos: tal es el escenario en el que se desarrolla la totalidad de esta ópera, sin que haya más cambios que los del mobiliario, según se sitúe la acción en una u otra estancia de una elegante vivienda de principios del siglo pasado o de finales del anterior, es decir, de la época en la que la obra fue compuesta.
Esta idea de la directora de escena Jetske Mijnssen para esta nueva coproducción del Festival de Ópera de Múnich y la Ópera de Dallas no puede ser considerada original. Ya hace un cuarto de siglo, en Glyndebourne en 1999, Graham Vick situó la acción de Peleas y Melisande en el interior de una elegante y lúgubre casa de la belle epoque. La lectura de Graham Vick, que…
Comentarios