Una obra censurada y retirada por la moral y las buenas
costumbres de un estado papal, y rápidamente desaparecida. Uno de esos
disparates nada difíciles de entender, pero sí de aceptar. Claro que para
aprovechar el exuberante libreto de Gasbarri hay que conocer bastante la lengua
original (porque, como se ha visto, la traducción inglesa -buena- no siempre
puede reproducir los juegos de palabras, sea de sentido o de sonido). En el
Teatro bien lleno, donde este tipo de obras primeras de Rossini lucen mejor,
las carcajadas y sonrisas fueron casi continuas.
Desde el punto de vista del equilibrio de los factores
musical y escénica seguramente este (no he visto El barbero de Sevilla, una reedición de un espectáculo de Pizzi, e Il viaggio a Reims de los alumnos se da
en la siempre cómoda y sencilla puesta de Sagi y la otra versión -la…
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