Tuvimos así la posibilidad de comparar la versión “nueva” de Berio (véase anteriormente en Amsterdam) y ahora la “tradicional” de Alfano (pero no la más breve, con los cortes impuestos por Toscanini). Pero Puccini se llevó a la tumba el mayor de los secretos de su última creación lírica. En efecto, dramáticamente ninguno convence del todo; la versión de Alfano, especialmente en esta opción, es más agradecida para los cantantes, y aunque sería privar de un final más o menos optimista y más o menos grandioso a la obra, cada vez estoy más convencido de que sería mejor acabar en el llanto por la muerte de Liú. Después de todo, y con los respetos por una comparación algo hereje, mejor que terminar un Gaudí a la fuerza es dejar tranquilos los famosos “non finiti” de Miguel Ángel o los esbozos o sinopias leonardescos.Pero en fin, dudas aparte,…
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