El Don Giovanni mozartiano es una de las obras más queridas y reiteradas de la programación del Met. Y con razón. La puesta de Zefirelli, clásica claro, es una de las mejores del director, ágil y fluida, elegante, sin pretensiones de encontrar nuevos significados a una obra que los tiene todos y más, pero que acompaña e ilustra muy bien lo que el texto dice y no contradice lo que suena. A lo mejor eso hoy resulta poco, pero a quien esto escribe no sólo le basta sino que le parece mucho. Y parece que al público del Met también, ya que esta versión lleva no pocos años de rodaje en el escenario neoyorquino que la ha amortizado bien y se permite, entre otras cosas por eso, contratar repartos -dos por lo menos- que se cuentan entre lo mejor que se puede encontrar hoy para la obra. Piénsese en un Kurt Moll de ‘Comendador’: es cierto que el…
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