A mediados de los años setenta, Marcel Cellier calificaba el canto de las voces femeninas búlgaras como misterioso, y ponía como título Le mystère des voix bulgares a su disco. Desde el gran éxito de esa grabación, parece como si lo misterioso fuera una calidad cada vez más trascendente de la música, a juzgar por los títulos de muchos discos y conciertos, y aún más por la publicidad que les acompañaba.Esta ola de misterio no se limitó a repertorios de carácter étnico; también se puede detectar en el mundo del pop y rock, especialmente desde el éxito mundial del disco MCMXC a.D. de Enigma, editado, efectivamente, en 1990. Las citas de canto gregoriano en este disco ayudaron a atraer la atención del público hacia este repertorio musical, que en la década pasada ha conocido un éxito comercial sorprendente. La reedición de las viejas…
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