En una ocasión decía Jiri Kilian que John Cranko había sido más un coreógrafo del siglo XIX que del XX. Desde luego, Cranko no se contó entre los revolucionarios del ballet, mas no por ello podemos dejar de considerarlo un hijo de su tiempo. En el siglo XX hubo, además de coreógrafos vanguardistas, otros que, como él, desarrollaron y renovaron una tradición secular. Cranko no estuvo solo: Lavrovsky, Grigorovich, Ashton, McMillan y muchos otros cultivaron con resultados brillantes el ballet argumental de base técnica académica y su obra es, quizá, la mejor parte del patrimonio coreográfico que nos ha legado el siglo que acabamos de dejar atrás. Una buena prueba de ello son los ballets de Cranko basados en Shakespeare: Romeo y Julieta y La fierecilla domada, dos piezas que ocupan un puesto clave en la obra del sudafricano y que en el sur…
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