Alemania

Deslumbrante Simone Young

Juan Carlos Tellechea
Simone Young
Simone Young © 2025 by Klaus Lefebvre
Colonia, sábado, 7 de febrero de 2026.
Gran sala auditorio de la Filarmónica de Colonia. Solista Louis Lortie (piano). WDR Sinfonieorchester. Directora Simone Young. Maurice Ravel, Pavana por una infanta difunta para orquesta, Concierto en sol mayor para piano y orquesta. Bis del solista: Ravel, “Sérénade grotesque”. Erich Wolfgang Korngold, Sinfonía en fa sostenido mayor op 40. Programa Schillernd – Simone Young & Ravel .100% del aforo.
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El título de este concierto de la WDR Sinfonieorchester ya lo prometía: Schillernd – Simone Young & Ravel [Deslumbrante – Simone Young y Ravel], y así fue en todos sus términos, desde el principio hasta el final. Tanto la directora Simone Young como el pianista Louis Lortie fueron, por primera vez, invitados especiales de la orquesta en esta oportunidad.

Al comienzo, el enfoque se puso en una evocación a Maurice Ravel con motivo del 150º aniversario de su nacimiento, que se celebra desde el 7 de marzo de 2025. Primero, con la Pavana para una infanta difunta (1899), en la versión para pequeña orquesta de 1910, y después con el Concierto en sol mayor para piano y orquesta (1929-1931), contraparte de su célebre Concierto para la mano izquierda (1929-1930).

La segunda parte de la velada fue íntregramente dedicada a Erich Wolfgang Korngold y su única e impresionante Sinfonía en fa sostenido mayor op 40 (1952), dedicada a la memoria del presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, fallecido en 1945.

Sigue gustando

Bajo la égida de Young, la WDR Sinfonieorchester, en formación reducida, ofreció una interpretación muy cuidada y reflexiva de la Pavana, evitando un tempo excesivamente lento, que suele favorecerse y que por último transforma a la pieza en un canto fúnebre, lo cual claramente no es. Ravel la había obsequiado a su mecenas, la princesa de Polignac, y solo había ironizado con el título, por aquello de la singular sonoridad (en francés) de infante défunte.

En realidad, la obra trata de evocar la digna elegancia y distinción de la corte real española, a través del grácil movimiento de una infanta en los pasos de una pavana. Mas, lo que transmite la composición es ese ambiente etéreo del que Ravel era un verdadero mago con los medios más delicados de su creativa imaginación. A él mismo no le gustaba demasiado el éxito que había alcanzado esta nostálgica joya, que consideraba no especialmente lograda. Según decía, la Pavana para una infanta difunta adolecía de:

una forma harto pobre y demasiada influencia de (Emmanuel) Chabrier.

Al público, sin embargo, la pieza le sigue gustando hasta hoy y esta tarde la ha aplaudido calurosamente tras la excelente interpretación de la Orquesta Sinfónica de la WDR (Radiodifusora del Oeste de Alemania) bajo Simone Young.

El alumno-nieto

El Concierto para piano en sol mayor que se tocó inmediatamente después es una de las dos obras maestras escritas simultáneamente por Ravel y estrenadas en 1932; la otra es su contrapartida, el Concierto para la mano izquierda. Ambas forman una especie de díptico esencial. Su génesis se remonta a 1911 con la idea de un "concierto vasco", y luego a 1929 con el encargo del pianista austriaco Paul Wittgenstein de una obra de concierto solo para la mano izquierda (porque había perdido la derecha en el frente de combate durante la Primera Guerra Mundial).

Ravel retomó entonces los bocetos de su otro concierto y se embarcó en ambas partituras. El Concierto en sol mayor le causaría considerables dificultades, en particular su segundo movimiento (Adagio assai). Es necesario releer las reflexiones y explicaciones de su dedicataria Marguerite Long, quien la estrenó, para apreciar sus dificultades (Al piano con Maurice Ravel, Julliard, 1971).

La interpretación de Louis Lortie siguió de cerca sus invalorables consejos. Lortie fue discípulo de Yvonne Hubert, quien a su vez fue alumna de Marguerite Long. Por lo tanto este pianista canadiense es algo así como un alumno-nieto de aquella primera intérprete del Concierto en sol mayor de Ravel. La luminosa ejecución al teclado y los cautivadores sonidos de la Sinfónica de la WDR iluminaron estas páginas, que el espectador redescubrió aquí como si hubiera sido por primera vez. ¡Enhorabuena!

Magia

El Allegramente, con su energía de inspiración vasca, es interpretado con claridad y alegría por Lortie. El primer accelerando es irresistible. Marcada por una calma serena, la sección de desarrollo es ligeramente contenida, como discretos pasajes de arpa sobre una orquesta casi en sordina, lo que confiere un efecto impresionante a la explosión de fff.

El enfoque de Simone Young, desde la entrada del piano y a lo largo de los pasajes posteriores hasta la cadencia, se mantiene sobrio, sin rubato innecesario. La coda es vibrante, finalizando en una atmósfera de gran exuberancia. La larga frase solista que abre el Adagio assai mantiene un cantabile preciso de gran estabilidad melódica, sin buscar una expresividad forzada, como pretendía el compositor, y sin aceleraciones innecesarias, salvo un aumento de intensidad. Esto continúa hasta el trino final y la entrada de la orquesta en ese extraordinario pasaje de flauta que emerge desde una distancia mágica, retomado por el oboe y el clarinete.

Augurio

En la sección de desarrollo, el piano despliega delicados matices, al igual que la Orquesta Sinfónica de la WDR, en particular los instrumentos de viento. El equilibrio dinámico, aunque extremadamente estudiado, respira la mayor naturalidad. La coda es vibrante con un trino de piano exquisitamente dulce. Interpretado muy rápidamente, el Presto presenta hermosas aceleraciones aquí y allá. El ascenso desde el registro grave del piano sobre un acompañamiento bien articulado, con sus instrumentos de viento y cuerda deliberadamente casi estridentes, como si se arremolinaran en todas direcciones, conduce a un final incandescente, digno del poema coreográfico La Valse. Animado por los atronadores aplausos que recibió, Louis Lortie se lanzó a los bises, tocando una de las miniaturas de Ravel: Sérénade grotesque (1893), que auguraba ya la Alborada del gracioso (1905).

Erich Wolfgang Korngold

La Sinfonía en fa sostenido mayor op 40 de Erich Wolfgang Korngold, de poco más de 50 minutos de duración, ocupa, con sus cuatro movimientos, toda la segunda parte del concierto. Las secciones se yuxtaponen y a la vez unen un espectro de emociones: amor y tristeza, alegría y dolor, conflicto y reconciliación, amistad y hostilidad.

Pareciera como si Korngold trascendiera, con ello, tanto las exigencias de la sociedad como las que él mismo se imponía. La sinfonía, como puente entre las diferencias y reflejo de una sociedad de posguerra y sus individuos, se nutre de elementos musicales de dos mundos en los que el compositor se sentía como en casa: la música influenciada por las formas clásicas y la música que sirvió de fondo a las grandes producciones cinematográficas.

Atención al detalle

Bajo la diestra batuta de Simone Young, la WDR Sinfonieorchester ofreció una interpretación matizada y meticulosamente detallada de esta sinfonía, caracterizada por sus contrastes y ambivalencias, y por la fusión de dos mundos en un todo unificado. Los aspectos más oscuros, en particular, adquirieron una forma claramente definida, transmitiendo intensidad y gravedad. Esto se evidencia, por ejemplo, en el primer movimiento, Moderato ma energico – Allegro – Tempo I, que comienza con acordes oscuros, punzantes y sombríos en las cuerdas y el piano, seguidos de un solo de clarinete, cautelosamente inquisitivo. Este se presenta como una pregunta, a la que los trombones responden poco después. El motivo de preguntas y respuestas se convierte en la característica definitoria del primer movimiento.

La música, música es

Este motivo se retoma en el segundo movimiento, el Scherzo. Allegro molto – Trio. Molto meno (tranquillo) – Tempo I. Korngold comienza con una melodía alegre, iniciada por la flauta y seguida por las cuerdas agudas y otros instrumentos de viento; es particularmente intensa rítmicamente. Esto contrasta con un tema de trompa, que se eleva por encima de la melodía precedente, rítmicamente impulsada, y finalmente es continuado por las cuerdas (también en el Adagio.Lento). Incluso en el cuarto movimiento, el Finale. Allegro – Più lento – Tempo I (poco meno), las sombras proyectadas por la yuxtaposición de motivos contrastantes persisten y, a pesar del optimismo, solo se superan al final.

Parece que Korngold finalmente encontró una solución y logró tender un puente que permite que las diferencias entre la sinfonía y él mismo persistan y, a la vez, encuentren puntos en común. Porque, como él mismo dijera:

La música es música, ya sea para el escenario, el podio del director o el cine. La forma puede cambiar, la forma de escribirla puede diferir, pero el compositor no debe hacer concesiones en absoluto respecto a lo que considera su propia convicción musical.

Entrada al repertorio

Erich Wolfgang Korngold y Kurt Weill, casi contemporáneos, tuvieron que reinventarse al escapar de la Alemania nazi hacia Estados Unidos en la década de 1930. Ambos adaptaron sus consolidadas habilidades teatrales a las florecientes áreas de la música: Korngold a la banda sonora orquestal y sinfónica de Hollywood, y Weill al musical de Broadway.

Korngold escribió su Sinfonía en fa sostenido en 1954 como un intento de regresar a Europa tras la Segunda Guerra Mundial como un compositor "adecuado" tras sus exitosos años en Hollywood. Mas cayó en picado en el clima modernista de la época y solo ha entrado realmente en el repertorio en las últimas décadas, a medida que el pluralismo musical se ha vuelto más aceptado. Pero colorea su evidente Romanticismo tardío con una fragilidad que refleja algo de la época que atravesó, y que hace que su lenguaje no sea más retrógrado que figuras como Samuel Barber y Richard Strauss, o incluso, a veces, el último Béla Bartók. Con la interpretación en manos de Simone Young se pudo apreciar la herencia vienesa del lenguaje sinfónico de Korngold, no solo el antecesor obvio en Gustav Mahler, sino también en gente como Anton Bruckner, en su recurso a los grandes tutti unísonos.

Prolongados y estruendosos aplausos elogiaron la maravillosa labor de Simone Young al frente de la WDR Sinfonieorchester. La directora no solo recibió un ramo de flores de la organización del concierto, sino también de una espectadora que se acercó expresamente hasta el escenario para tributarle un digno homenaje con el manojo de las más hermosas rosas rojas obsequiado jamás en la Filarmónica de Colonia.

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