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Hommage, Brahms & Strauss, sonatas, Schubert, Moment Musical, M. Bartolomey, Ariane Haering

Juan Carlos Tellechea
Hommage, Brahms & Strauss, sonatas, Schubert, Moment Musical, M. Bartolomey, Ariane Haering
CD Hommage, Brahms & Strauss, sonatas, Schubert, Moment Musical, Matthias Bartolomey, cello, Ariane Haering, piano (label Supreme Classics). Johannes Brahms: Cello Sonata No. 1 In E Minor, Op. 38 Work length 25:21. 1 I. Allegro non troppo 13:53. 2 II. Allegretto quasi menuetto – Trio 04:56. 3 III. Allegro 06:32. Richard Strauss: Cello Sonata in F major, Op. 6 Work length 25:20. 4 I. Allegro con brio 09:15. 5 II. Andante ma non troppo 07:30. 6 III. Finale. Allegro vivo 08:35. Franz Schubert: 6 Moments musicaux, op 94, D. 780: 7 No. 3 in F minor: Allegro moderato (Arr. for Cello & Piano by Matthias Bartolomey) 01:49. Recording: Vienna, ORF RadioKulturhaus, 7/2025. Recording Engineer Robert Pavlecka. P & C 2025 Supreme Music Media GmbH.
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La música de cámara de Johannes Brahms contiene tesoros que durante mucho tiempo han sido desconocidos fuera del ámbito de habla germana. La Sonata para violonchelo y piano nº 1 en mi menor op 38 forma parte indudablemente de estas joyas.

A los 19 años, Brahms se había enamorado de Clara Schumann. Él era entonces un joven compositor sin recursos, ella una célebre pianista, esposa de Robert Schumann y madre de siete hijos. Es una historia de amor envuelta en el misterio, pues ambos destruyeron casi todo rastro de ella.

En este álbum, titulado Hommage (sello Supreme Classics), la interpreta una pareja de excepción, felizmente reunida, Matthias Bartolomey y Ariane Haering, que también se enorgullece de incluir la Sonata para violonchelo y piano en fa mayor op 6 de Richard Strauss, y de transcribir magistralmente el Moment Musical en fa menor D 780 (op 94) nº 3 de Franz Schubert.

Atmósferas

La Sonata nº 1 op 38 de Brahms data de 1865, una época en la que se enfrentaban los defensores de la “música del futuro” y los partidarios de la renovación de la música alemana. La búsqueda de la simplicidad, además de la del mejor equilibrio entre dos instrumentos que separan muchos elementos, la sitúa quizá en la primera categoría.

Es una música que suena a otoño: una sonata melancólica en mi menor para violonchelo y piano. Johannes Brahms tiene 29 años cuando compone los dos primeros movimientos en su refugio de verano en Baden-Baden. Un alemán del norte en el sofisticado balneario europeo. La casera se sorprende al ver al joven: camisa de colores sin cuello, chaqueta negra de alpaca, pantalones demasiado cortos.

Decepcionado

Clara Schumann lo ha atraído hasta allí desde que pasa sus veranos en Baden-Baden. Brahms se instala muy cerca de ella, en dos habitaciones bajo el tejado a dos aguas de una pequeña casa en la avenida Lichtenthal. A Clara le parece extraña esta coincidencia. Brahms está decepcionado. Tiene la sensación de que Clara no se interesa lo suficiente por su música. Toman café juntos, tocan música, cenan. Él juega con los niños.

Un aficionado

Brahms dedica su música otoñal veraniega a un doctor en Derecho, Josef Gänsbacher (hijo del compositor y director de orquesta Johann Baptist Gänsbacher) que había seguido su vocación para convertirse en profesor de canto en Viena. Él había deseado la pieza y la había esperado durante mucho tiempo. En 1865, en su tercer verano en Baden-Baden, la sonata se interpreta finalmente en el círculo de amigos.

Brahms acompaña a Gänsbacher y toca demasiado alto. El compositor está decepcionado con las habilidades como violonchelista del aficionado. El destinatario de la dedicatoria está molesto y se queja de que no se le oye. “¡Por suerte!”, habría murmurado Brahms con mal humor, y siguió tocando sin prestar atención al profesor.

El movimiento perdido

El segundo movimiento original de la sonata, de tempo lento, se ha perdido: Brahms lo destruyó. Se trataba de variaciones entusiastas sobre un tema, tal vez sobre Clara. Ella le pide que le permita escuchar los cuatro movimientos, pero el compositor se niega. La sonata se publica así, inconclusa.

Este op 38 consta entonces de solo tres movimientos. El amplio Allegro non troppo presenta tres temas: uno decidido y melódico, otro rítmico, incluso tempestuoso, y el tercero meditativo y misterioso. Están dispuestos de forma original a lo largo de una especie de balada nórdica, como las que tanto gustaban a Brahms, con atmósferas que alternan entre lo tierno y lo pesado.

Generosidad

Estos intérpretes lo traducen maravillosamente: la unión de los dos timbres tiene algo cautivador. El Allegretto quasi Menuetto es un scherzo gracioso y suave, saltarín y caprichoso, que presenta cierto carácter arcaico en el trío melódico. Una vez más, todo respira una voluntad de simplicidad.

El final, escrito en forma de fuga (inspirado en el “Contrapunctus XIII” de El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach), responde menos a este criterio porque el enfoque es complejo en su pulsación rítmica y la superposición de temas. Bartolomey y Haering lo abordan con un enfoque brotante.

Este generoso CD, con una antología que merece gran respeto, presenta una obra de cámara menos conocida de Richard Strauss, y una de las pocas piezas camerísticas suyas, la Sonata para violonchelo en fa mayor op 6, elegida por los creadores del programa, Matthias Bartolomey y Ariane Haering.

Violonchelo enamorado

Si bien la escritura es fluida, incluso virtuosa, la inspiración quizá lo sea menos. El Allegro con brio que la inicia es nervioso, casi orquestal en algunos pasajes, y el violonchelo se muestra bien dotado. El Andante ma non troppo, sin duda lo mejor de esta obra, es de una gran ternura expresiva, casi vocal, y se desnuda para concluir en un suspiro. El Finale. Allegro vivo, con discretos reflejos mendelssohnianos, descubre una cierta alegría de vivir en sus amplios vuelos. Es muy exigente para el solista, especialmente en el registro agudo.

Pero, aquí como en otros lugares, el discurso parece buscar su camino, aunque el autor sabe recuperarse. Matthias Bartolomey se entrega a él con pasión. Strauss ya habita aquí con frenesí una escritura eminentemente lírica, en cuyo arte se convertirá en maestro en la ópera. El escucha disfruta de la interpretación que ofrecen Bartolomey y la pianista Ariane Haering, realzada por el sonido enamorado del violonchelo.

Deslumbrante

Estas interpretaciones se sitúan en lo más alto del catálogo de versiones grabadas de estas obras maestras, con una libertad de tono y una naturalidad realmente seductoras, por no hablar de la auténtica simbiosis entre los protagonistas: al piano claro y bien timbrado de Haering responde el arco cálido y expresivo de Bartolomey.

No hay nada forzado en ellos, sino un enfoque fusionado que se gana inmediatamente la adhesión del oyente. Lo mismo ocurre con el Moment musical en fa menor D 780 (op 94) nº 3 de Schubert que completa el disco. Esta pieza escrita para piano, se transcribe en esta ocasión para violonchelo y piano. La transcripción ha sido realizada por Matthias Bartolomey con tacto e ingenio, y al igual que su interpretación es deslumbrante.

Soledad

Interpretativamente, ambos músicos se mantienen en la línea tradicional, pero con audacia juvenil. Bartolomey y Haering impresionan con una exquisita gama de toques y contrastes más vehementes. Ambos saben moldear la diversidad emocional de este tercer movimiento con una claridad cristalina y, al mismo tiempo, con una inmensa emoción. Schubert condensa una vez más todo lo insinuado, pero no explícitamente expresado, en un final sombrío que se funde lentamente en la soledad.

La grabación de cámara, realizada por el ingeniero de sonido Robert Pavlecka en el estudio auditorio de la RadioKulturhaus de la emisora de radio y televisión austríaca ORF, y en perfecta armonía con la interpretación, hace justicia al ambiente intimista de estas piezas. Bien centrada, la imagen sonora reproduce con exactitud la espacialización de los dos instrumentos sin separarlos artificialmente.

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