Uzo Egonu, Mujeres luchando © 1968 by The estate of Uzo Egonu, Tate
Comentaba en días pasados la exposición que la Tate Modern dedicaba al centenario de Los tres bailarines de Picasso con el título Theatre Picasso. Pero no es esta la exposición más interesante entre las que ofrece en este momento la Tate Modern, porque en la tercera planta se dedican varias salas a explicar la evolución del arte de Nigeria desde finales del siglo XIX hasta fechas recientes, centrándose especialmente en los años anteriores y posteriores a la independencia de Nigeria (1960) con el título genérico de Nigerian Modernism.
No es una exposición sencilla. Es muy extensa y resulta fácil sentirse perdido en un mundo cultural que apenas conocemos tangencialmente. En Gran Bretaña el asunto es un poco más sencillo, porque hay mucha población procedente de antiguas colonias británicas, pero desde el punto de vista español, donde África es realmente una gran desconocida, abundan los momentos desconcertantes. De hecho, me arrepentí de no haber echado un vistazo a la historia de Nigeria antes de visitar la exposición, porque me costaba situarme cronológicamente y sólo vagamente recordaba la guerra civil, más bien varias, que antecedieron y siguieron a la independencia, y que se han prolongado casi hasta la actualidad.
Pero al mismo tiempo es una exposición fascinante, porque plantea cuestiones fundamentales sobre qué es el arte y para qué sirve, qué arte hay que hacer para qué público, la identidad del artista, la creatividad individual y la responsabilidad social, qué es arte y qué es artesanía, etc. Cuestiones que para el arte occidental han estado bastante claras desde la época grecolatina, pero no para el arte, por ejemplo, de Nigeria donde llegada la independencia y el postcolonialismo no era posible ni mantener las tradiciones en un mundo que había cambiado tanto, ni tampoco abandonarlas porque eran parte constitutiva de su identidad nacional. Y lo que en 1950-70 era una cuestión crucial para estos artistas nigerianos, se ha convertido en los últimos años, con los nuevos medios técnicos y sobre todo con internet y la Inteligencia Artificial, en algo igualmente cuestionable para los artistas actuales. Y de repente somos nosotros los que tenemos que aprender lecciones de estas culturas que se vieron obligadas no a evolucionar sino casi a construirse de nuevo.
Las primeras salas se centran en los problemas de los artistas nigerianos de las primera décadas del siglo XX, algunos de los cuales se formaron en Europa -principalmente Londres y París- y muy escasamente en los centros educativos nigerianos, porque tanto en los que eran escuelas misionales como en los que establecían las autoridades coloniales y que se destinaban principalmente a crear funcionarios para el gobierno británico colonial, el arte no tenía interés como asignatura. Entretanto los artistas tradicionales seguían formándose por un sistema de aprendizaje que admitía muy poca innovación y creatividad, y que además producía obras cada vez más destinadas a la exportación -eran souvenires- y por tanto se exageraban los rasgos identitarios. Sólo en 1923 se empezaron a enseñar en algunas escuelas secundarias nociones de arte, al modo occidental: dibujo, perspectiva, pintura de caballete, etc.
Aquí descubrí la figura del pintor y escultor Ben Enwonwu (1917-1994), hijo de un escultor tradicional de máscaras y objetos religiosos, de la etnia Ibo, que conocía por tanto profundamente el arte nigeriano tradicional pero también se formó en Londres (1940-1947). Enwonwu es considerado el 'padre del modernismo nigeriano' y su carrera transcurrió casi por igual en Gran Bretaña y EEUU como en Nigeria, exponía y enseñaba en ambas zonas, hizo un retrato oficial de Isabel II, y su obra se incorporaba a museos africanos y europeos. En cierta medida significó un arte muy aceptable para Occidente, porque unía lo nigeriano con un lenguaje europeo perfectamente comprensible y lo africano era más bien un elemento tipista. Enwonwu es sin duda un artista interesante per se, pero también el "Africa's Greatest Artist" de su época. Y él mismo era consciente de esta contradicción interna de su arte, porque al mismo tiempo mantuvo una activa relación con los movimientos que reivindicaban la 'negritud', con el poeta y político Leopold Sédar Senghor (1906-2001), y escribió ya en 1956 que:
Sé que cuando un país es anulado políticamente por otro, las tradiciones nativas del arte de los reprimidos comienzan a extinguirse… El arte, en esta situación, está condenado.
También se dedica una sala a la artista Ladi Kwali (1925-1984), que partiendo de la cerámica tradicional nigeriana adoptó nuevas técnicas -occidentales- y transformó radicalmente este material artístico modelando piezas que enseguida fueron reconocidas como obras de arte y muy apreciadas en Occidente. Además Kwali creó escuela y otras alfareras femeninas nigerianas siguieron sus pasos. Nuevamente un éxito en Occidente que sin embargo 'jugaba' bastante con un exotismo africano 'aceptable'.
Me interesaron más las salas siguientes, dedicadas a la Zaria Art Society y sus continuadores. Un grupo de alumnos de la Nigerian College of Arts, Science and Technology (NCAST), en la ciudad de Zaria, se rebelaron contra su educación tan británica y despreciativa del arte tradicional nigeriano. Coincidiendo con la independencia de Nigeria en 1960 se constituyeron como un grupo de artistas que en los años siguientes desarrollaron unos estilos variados pero con una filosofía clara de creación de un nuevo arte nigeriano que incorporara la modernidad pero también la tradición (y no como un simple elemento tipista, apto para occidentales).
Jóvenes artistas en una nueva nación, ¡eso es lo que somos! Debemos crecer con la nueva Nigeria y trabajar para satisfacer su tradicional amor por el arte o perecer con nuestro pasado colonial… ¡Este es nuestro momento de renacer!
Tras un par de salas 'documentales', la nueva arquitectura de Lagos, la aparición de publicaciones artísticas, etc., se llega a otras salas significativas, al tiempo que inquietantes. El nuevo arte nigeriano también buscó la recuperación de las viejas tradiciones del arte sagrado, creándose el New Sacred Art Movement, especialmente en torno a Osun -la diosa de la fertilidad- y otras divinidades Yorubas cuyo culto estaba desapareciendo ante el empuje del cristianismo y el islamismo. Comenzando por la artista austríaca Susanne Wenger, reconocida como sacerdotisa Yoruba, comenzó a recuperarse el santuario Osun-Osogbo Sacred Groves (desde 2005 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), creándose una escuela de arte con artesanos y artistas locales. En los años siguientes, el escritor Duro Ladipo inició una compañía teatral que también innovó en decorados, vestuario, etc. nuevamente basada en artistas locales y en aficionados, y no en artistas procedentes de ambientes cultos, urbanos y a menudo universitarios. El tercer aporte vino de la Nsukka School, una escuela de arte que integró principalmente artistas exiliados por la guerra de Biafra, que a partir de la idea de la 'síntesis natural' intentaba que sus estudiantes se basaran en las culturas indígenas (incluyendo artes efímeras como el tatuaje ritual, o el grafismo) para crear un arte destinado a los entornos locales y no al mercado internacional. Este arte realizado 'desde abajo', principalmente a partir de 1970 (final de la Guerra Civil y de la independencia de Biafra), aportó innovaciones muy interesantes que se han seguido manteniendo casi hasta la actualidad.
El último artista presentado es Uzo Egonu (1931 -1996), un pintor Igbo (la etnia más masacrada en la Guerra Civil) que se formó en Gran Bretaña desde su infancia, si bien ya adulto volvió a retomar la relación con Nigeria (aunque nunca ha vivido allí) y el arte africano. Con él se cierra el círculo iniciado casi cincuenta años antes por Ben Enwonwu, apenas catorce años más viejo, y el nacimiento del modernismo nigeriano. Muchos cambios en pocos años, pero una historia apasionante que la Tate Modern desgrana con detalle a lo largo de más de trescientas piezas. La exposición Nigerian Modernism estará abierta en la Tate Modern hasta el 10 de mayo de 2026.
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